Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
MONTEAGUDO Y LOS ESPA~OLES 697 "Desde que el ejército libertador llegó a Pisco, la paz ha sido el objeto de la guerra; y la reconciliación de los españoles, el úni– co fin que se ha propuesto el gobierno, por resultado de la sobria severidad con que algunas veces se les ha tratado. El ejército en– tró al fin en esta capital, después de una inútil resistencia de los enemigos; la. plaza del Callao se rindió por capitulaciófl,· las tropas del general Canterac buscaron su salud en la fuga; cada suceso de éstos autorizaba al gobierno, por el derecho universalmente reci– bido entre todas las naciones de la tierra, a confiscar, cuando me– nos, las propiedades de los españoles, contra quienes hay tantos motivos de retalia.ción. Ellos mismos no tenían derecho ni espe– ranza de salvar sus personas, después que habían apelado a las armas para decidir esta contienda. Sin embargo, el gobierno ha declinado de imitar a las potencias europeas en su frecuentes gue– rras y a la misma España que ha sido siempre la más dura e inexo– rable: él prometió respetar las personas y las propiedades de los enemigos, exceptuando sólo las de aquellos que habían emigrado del país con ánimo hostil, antes de nuestra entrada. Se han publi– t.:ado con frecuencia decretos benéficos, ofreciéndoles amparo y lla– mándolos a la unión; se les ha dejado la alternativa de salir del país con todas sus propiedades, o naturalizarse en él: algunos han sido dóciles a la razón, y se han puesto bajo la protección del go.. fJierno; otros han salido libremente; y la mayor parte han perma– necido tranquilos, a. pesar de su infracción, porque ya se habían cumplido los varios términos que se les dieron para tomar un pa.,... tido decisivo. En medio de esto, no han cesado de dar al gobierno motivos de disgusto, por la conducta, más imprudente que crimi– nal, de algunos temerarios, que, con los miserables recursos de su despecho, creen cambiar el destino de la América. Esta experiencia decidió al gobierno a publicar el decreto de 31 de diciembre, para que, en el término de un mes, saliesen del país todos los que no estuviesen naturalizados. En estas circunstancias, se ha presentado un número considerable de españoles solicitando la carta de natu– raleza, y alegando la mayor parte no haberla sacado antes por falta de recursos para pagar el derecho del gran sello. Aún quiere acreditar el gobierno su indulgencia con ellos, y hacer ver que, nó por un espíritu de especulación, sino por un interés de política, ha tomado aquella medida. La declaración que sigue se citará algún día como el último cargo contra los obstinados que aborrecen la paz y detestan la fraternidad". "El Protector del Perú. Ha acordado y decreta: J'! Quedan excep– tuados del artículo primero del decreto de 31 del pasado, todos los españoles que, hasta la fecha de éste, se hubiesen presentado a pedir
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