Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
696 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ por su carencia de bienes, se habían resignado a seguir en los pues– tos de la administración pública, bajo el flamante régimen, lo que, en definitiva, era su reconocimiento y sumisión; y la imposición, única en la historia, de la sucesión universal en vida; de la testa– mentifacción de hecho, forzosa y de contado; de la sustitución de la personalidad jurídica del propietario existente y viviente, señor de lo suyo, sui juris y libre, por la de sus posibles herederos; tiranía desnuda, extravagante y asquerosa; despotismo frenético, insaciable, brutal; una y otro increíbles, si no estuviesen estampados en docu– mentos oficiales, fehacientes, incontrovertibles; y refrendados por la notoria, por la tosca realidad de los hechos históricos. Los ricos quedarían pobres; caso de tener hijos, no podrían extraer del terri– torio sino un quinto de su hacienda; caso de no tenerlos, sólo un tercio: heredero de éstos, en otro tercio, sería el Estado. En cuan– to a los tristes empleados, no sólo perderían el puesto, a partir del 1? de enero de 1822; sino el sueldo, legítimamente ganado, desde el 25 de noviembre de 1821. ¡Honrado modo de cancelar las obliga– ciones pendientes: con la expulsión, la ingratitud y el hambre! XXVII Un grito de indignación y de dolor resonó en Lima entero: en todas las clases sociales, con las que alguna vinculación teñían los expoliados, inicióse en el acto uno de esos movimientos que, sin extremarse en la rebelión, descubren bien a las claras la protesta y el descontento públicos. Las familias de los herederos en vida, oyen– do, más que las solicitaciones del bajo interés, las imposiciones del corazón y del cariño, utilizaron su influjo ante los validos y favoritos del régimen, para suspender o moderar su prevención y su rigo– rismo. Los no nacionalizados, decían, estaban prestos a efectuar su naturalización, pospuesta o descuidada por causas independientes de la voluntad de esos aspirantes a ciudadanos de la nueva repú– blica; mas no por aversión a ésta, u otros sentimientos desfavora– bles que hicieran reputarlo sus enemigos. Y al efecto presentaban las solicitudes respectivas. La universalidad del disgusto excitado por la flamante hostilidad, y la presión que sobre los hombres del poder ejercitaron las .familias, personas e instituciones más podero– sas, doblegaron el ánimo de San Martín no obstante la repugnancia y resistencia de Monteagudo y demás hispanófobos; y el 12 de ene– ro vio por fin la luz pública, el decreto que sigue, debido, no tanto a la generosidad de tendencias en él invocadas, cuanto a la irresis– tible impo'sición de la opinión general.
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