Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

690 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ abuso del confesicnario como instrumento de rebeldía: nada en dos platos. Tan carecieron de fundamento el proceso y su causa, que San Martín y Monteagudo, no obstante su comprobada avidez de re– cursos, venidos bien o mal, no hallaron legítimo imponer esas "ex– hibiciones" a favor del fisco aconsejadas por el auditor, y hubieron de limitarlas al pago mondo y lirondo de las costas procesales. Ca– llóse ''por consideraciones políticas" el nombre de otros supuestos culpables, ya naturalizados en el Perú y osten 1 siblemente afectos a su emancipación, que, desairadamente incluidos en el enjuiciamiento, habrían, con su inocencia notoria, levantado verdadero escándalo, caso de ser esa inocencia desconocida o siquiera sometida a la me– nor sospecha. Por supuesto -no obstante todo lo dicho, acordada tan sólo !a reducción de la multa, y puesta la mira en determinados fines ulteriores- salieron siempre, camino del destierro, los encausados Taranco, Parga, Durán, Piedra, Arana, Pascua, Artaza, Vendrell, los dos religiosos y el beato; partieron a su confinamiento de Chancay, Serrano, García, Quintana y Rizo; se incorporó en las filas patriotas a Uriarte; Sacio vióse cada cuatro días con Riva Agüero; y volvió a su casa Vitorero, el asendereado loco, ·ese que, contra todo principio de penalidad y de procedimiento y para eterno espanto de la justicia, aunque "incapaz de ser examinado por el trastorno de su cerebro, resultaba siempre culpado" y debía quedar a derecho, para ''tomar cuenta de él luego que recobrara su razón''; ¡aberraciones increíbles de la renitencia en el odio y de la ceguera en la venganza! XXII Posible es, como algunos han afirmado, que, en esta implacable campaña contra los españoles, no fuese extraño un elemento tan personalista como bajo: aquel erotismo legendario de Monteagudo, exasperado en Lima por alguna hermosura semejante a esa que ins– piró su infernal actuación en la Punta de San Luis. Posible que, por satisfacer sus arrebatados apetitos, el ministro procurase estrellar a quienes 'servíanle de obstáculo, importándole poco el que, en la ruina de los predestinados, so pretexto de precauciones o garantías públicas defensivas, quedasen envueltos y se viesen arrastrados al abismo, muchos inocentes, comprensos en las circunstancias pre– vistas para lograr su pérdida, y en las sanciones expedidas aparente– mente como medidas generales. Aun sin esto, que a la criminalidad del fin uniría la perversidad de los medios. la sistemática persecución emprendida, no sólo era

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