Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

MONTEAGUDO Y LOS ESPAJ'il'OLES 681 con la contradicción y la inconsecuencia, la injusticia clamorosa de la persecución reanudada tan sólo nueve días después: "Españoles:- Cuando el general Canterac se propuso atacar esta ciudad, mis primeros deberes me obligaron a tomar. una me– dida de precaución, que abrazase la seguridad de la patria y la vues– tra propia. No se me ocultaba que había entre vosotros algunos que, sordos a la voz de la razón, trataban de cooperar a los planes del enemigo; y también sabía cuán difícil es contener el justo furor de un pueblo que ve amenazada su existencia y sus más preciosos derechos. La medida fue necesaria, fue saludable; pero pasaron los momentos críticos que la han dictado, y ya está revocada". "Volved, pues, españoles habitantes de Lima, a vuestras pací– ficas tareas,. en el seno de un pueblo que, como vosotros mismos lo habéis experimentado, es el modelo de la moderación y de la generosidad; dedicaos tranquilamente a ellas, bajo la seguridad de que el g0bierno del Perú, tan amante de la justicia, tan fiel a sus promesas, como enérgico y severo cuando la salud de la Patria lo exige, no molestará en el ejercicio de su industria al ciudadano que sepa llenar los deberes que le imponen las leyes del país er donde reside y merece la protección del gobierno bajo el cual vive" rJ2). XIX Hay que compulsar lo traicionero y sorpresivo del golpe y có– Jocarse en la situación de los amenazadost para comprender lo jus– tificado de la indignación y el desagrado que inmediatamente concitó eu el público, en momentos en que las anteriores promesas, estampa– das en un documento oficial, nacidas de fuente elevadísima, por todo ello respetables y, a mayor abundamiento, recientes, hacían creer y descansar, a los inter.esad<;>s y sus familias, en una condición más firme y segura, menos odiosa y violenta. Pero era preciso idear conjuraciones quiméricas, suponer ma– quinaciones subterráneas, fingir temores ridículos, para expedir dis– posiciones inesperadas, imposibles de obedecer y fáciles de violar, a fin de hacer inevitables la falta y la represión. Bien se percató ese público asombrado, de que el único objetivo perseguido por esta jus– ticia deslavazada, por esta codificación cuotidiana, móvil, cambiante, basada en el capricho, presidida e inspirada por cálculo menguado y ruin ansia de oro, era la confiscación, nada más que la confiscación. (12) Gaceta del Gobierno de Lima independiente, núm. 21, del 19 de setiembre.

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