Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

MONTEAGUDO Y LOS ESPAAOLES 679 asesinos españoles! La patrulla corrió, y se dirigieron otros varios, al convento. El capitán de guardia, que era un antiguo patriota, nom– brado Castillo, que se estableció y casó en Trujillo, cerró el postigo, que estaba abierto, y en el que estaba parado. Esta medida salvó a los españoles, y libertó a los peruanos de tener que llorar la suerte de tantas víctimas, de que un hombre violento y desalmado habría sido el autor" ( 11). El incidente recordado en las precedentes líneas, es prueba de cuán fundada debió considerarse la alarma de los españoles y de sus familias, ante las providencias que, con innecesaria violencia, dictáronse en daño suyo. Fuese por exaltada pasión e imprudencia de cualquiera de los aprehendidos 1 fuese por causas idénticas de par– te de sus adversarios y del pueblo, es evidente que, dispersos y colo– cados los primeros en el seno de los suyos, quedaban inutilizados de hecho para toda clase de extralimitaciones, y asegurados contra cua– lesauiera amenazas opuestas; cosas, una y otra, más fáciles de pro– ducirse una vez constituidos en grupo numeroso, como lo fueron, supuesta la psicología de todas las muchedumbres y dados los perni– ciosos efectos que en ellas causan, por contados que resultan, los elementos antisociales que bullen en su seno. XVII Eliminado el pretexto de la aproximación de Canterac; cesado el peligro que esa aproximación envolvía; y, más que todo, redon– deado el círculo de acción del gobierno independiente, reafirmado su prestigio, ensanchados sus recursos y su poder, con la rendición de los Castillos del Callao, pactada a las ocho y media de la noche del 19 de setiembre, cualquiera pudo creer apaciguada la hostilidad con– tra los españoles; por lo mismo que, según las propias palabras del decreto expedido la víspera, o sea el 18, ya estaban "removidas las causas que motivaron el decreto del 3 11 • Pero no fue así. Nueve días más tarde, el 27 del propio setiem– bre, apareció otro decreto suscrito, éste, por Monteagudo, en que la persecución y las vejaciones reanudáronse sin explicación plausible, extremando su violencia y su rigor. "Teniendo el gobierno -decía- datos positivos para creer que algunos españoles, frenéticamente obstinados en favor de la causa de los opresores del Perú, comprometen con su conducta la seguridad de los que, convencidos de nuestra justicia y reconoci– dos a la beneficencia con que han sido tratados, respetan las leyes (11) Anotaciones, cits., pág. 104.

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