Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
MONTEAGUDO Y LOS ESPA~OLES 673 Los escritores de la época han estampado en sus páginas, entre. gándolo al vilipendio de la historia, el nombre de uno de ellos: el mal– vado Doyerarte. "Conocedor Monteagudo -dice Mariátegui- de lo que contra la pairia se tramaba... solicitó y encontró un español, que, aparen– tando el mayor encono contra los patriotas y el gobierno les sirviese de espía. Este español, fue un Doyerarte, aparentísimo pasa el caso" (7). Pruvonena, cuya odiosidad a San Martín haría dudoso su testi– monio, si, en este caso, como en algunos más, no resultase respal– dado por la palabra respetable de Mariátegui y otros, expone: (8) "Como todo tirano vive en un continuo desasosiego, siempre lleno de recelos y de temores, no es extraño que San Martín se ocupase mu– cho del espionaje, y que emplease en él a gentes dispuestas a come– ter todo crimen. Al presente daremos razón de un mal español, a quien empleó San Martín en Lima de espía; y por el que ocasionó a los españoles que estaban en esa capital, muchas tribulaciones, va– liéndose de él. Este español se llamaba D. N. Doyerarte. Ya encontraremos la aleve mano de este Judas en algunas de las terribles tragedias que, más que con repugnancia, con asco, rela– tamos enseguida. XII El decreto del 4 de agosto abre la doliente vía crucis que tantos clamores, tanta ruina y tantas lágrimas había de causar a las familias más acomodadas de la capital del Perú. Treinta españoles que, conforme al decreto, solicitaron pasapor– te, fueron, de orden gubernativa, embarcados en la Pacífico, corbeta mercante próxima a dar la vela, cuya estrechez, por felicidad, burló el ardiente deseo que las esposas y deudos de los emigrados manifes– taron de seguirlos. Partieron del Callao al sur, halagados en su des– ventura por la idea de tornar a la patria, y escoltados por un buque de guerra, so pretexto de cautelar cualquiera intentona de regreso o desembarque por algunos de los puertos existentes entre el Callao y las costas septentrionales de Cliile. Con mal viento y corriente con– traria, hízose el viaje dilatado y odioso hasta llegar a la altura de VaL dívia. Allí ambas embarcaciones hicieron alto: la mercante, con los pasajeros hispanos que llevaba a bordo, porque había de seguir avan– te sin la incomodidad de aquel lastre; la de guerra, porque, según (7) Anotaciones, cits., pág. 137. (8) Memoria y documentos para la historia de la independencia del Perú, t. I, págs. 63, París, 1858.
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