Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

672 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ por t<;Jdo ello, debían de antemano suponerse y serenamente con– templarse". "Triste iniciación de un gobierno (6) que, erigido en nombre de la libertad, si bien con olvido y desprecio de ésta, debería -co– mo el sol, y según la frase de la Escritura- haber extendido su luz y su calor protectores sobre dignos e indignos, sobre adictos y adversarios. No eran verdaderos beligerantes y enemigos quienes, aunque simpatizaran con la causa de la metrópoli, por inclinación de la naturaleza, por imperio del corazón, por deber moral y obli– gación política, ni formaban en las filas del ejército realista, ni ejercitaban hostilidad alguna. de hecho; sino que se mantenían en la capital, alejados de la lucha, al lado y al cuidado de sus famiias, confiados en las ofertas formuladas y tranquilos con las garantías ofrecidas. La jurisprudencia penal no ha encontrado aún, por muy grato que su hallazgo pudiere ser para. tiranos y déspotas, razón plausible en qué basar la criminalidad de las intenciones y de las ideas, la represión de las palabras u opiniones cuya existencia no trasciende el orden social. El domicilio es y será un templo levan· rado a la independencia del individuo, en que el corazón pueda y deba abrirse, sin temor ni reserva, a las expresiones del afecto, a las virtudes de la confianza, la fe, la franqueza y la sinceridad. Y el P1 otectorado se estrenaba pisoteando todos estos principios y res– petos, tutela.res de la libertad del hombre, cuya enunciación y cu– yo triunfo acababan de costar tanta sangre; sancionando la secues– tración, el destierro, la confiscación, como medios preventivos de pe• ligros supuestos, punitivos de delitos imaginarios; constituyendo r-n actos dignos de aquella prevención y de esta punición, la opinión oculta, el sentimiento íntimo, la murmuración secreta; el derecho de pensar, la fatalidad de sentir, el deber de la lealtad, la santidad del patriotismo,· ~ empleando, como instrumento de inquisición Y de coerción, la amenaza y el miedo, el espionaje y la delación, lle– vados escandalosamente al seno de la familia y al sagrado del hogar". XI No exageraba San Martín al afirmar que entre los propios espa– ñoles, había quien se ocupara en acecharlos y observarlos para per~ derlos; sólo que los traidores no formaban el gran núme·ro de que, con siniestra satisfacción, se jactaba el decreto. (6) Y a sabemos que el Protectorado se erigió el 3 de agosto y que el decreto que aquí se comenta se expidió el siguiente día 4.

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