Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
MONTEAGUDO Y LOS ESPA~OLES 671 vuestra conducta; yo sé cuanto pasa en lo más recóndito de vuestras ca~as; temblad, si abusais de mi indulgencia! Sea ésta la última vez que os recuerde que vuestro destino es irrevocable, y que de– beis someteros a él, como al único medio de conciliar. vuestros intereses con los de la justicia". X La disposición era horrorosa, por exagerada y por inequitativa. Los que se presentaran a pedir pasaporte y en seguida se alejaran del territorio, mostrando en ello su aversión al nuevo orden de cosas, y su ninguna confianza en las garantías ofrecidas por el Protector, esos podrían salir libremente, llevándose sus bienes muebles, que, por cierto, y valga la perogrullada del odioso decreto, eran los únicos susceptibles de salir (5); y, entre tanto, los que, con el hecho sólo de permanecer, revelaban sentimientos y propósitos políticos nulos o moderados; gran afecto al lugar de su residencia, pasión ciega por su familia, y cándida fe en las promesas del gobernante, ésos que– daban expuestos al ''acecho y examen de su conducta, en lo más re– cóndito de sus hogares"; a las calumnias de los malvados o a las ven– ganzas de sus enemigos; a las suspicacias de las autoridades; a la in– terpretación errada, caprichosa e imbécil de apariencias inocentes, por el celo y la precipitación de patriotas sinceros, aunque estúpidos; a la delación innoble e interesada; al juzgamiento superficial e ines– crupuloso; a la sentencia prevenida y parcial; a "todo el rigor de las leyes", y a la "pérdida de sus propiedades". Ya hemos condenado acerbamente esta monstruosidad, cuando en la pág. 445 decíamos: "No importan de un lado la actitud re– tobada del elemento español nativo; ni, de otro, el hecho innega– ble de que tal elemento constituyese una potencia por su riqueza y su posición social -cosas ambas invocadas por Mitre a manera de descargo y explicación de la molestia que en San Martín infun– día aquél núcleo renitente, hostil o huraño. Y no importan, porque uno y otro hechos en el Perú y en los pueblos todos de Hispano– América- eran naturales y necesarios; estaban en la esencia y le– yes de las cosas; eran consecuencia lógica del pasado colonial; y, (5) Quizá si, con la frase que criticamos, se quiso insinuar la prohibi– ción de vender los inmuebles de los españoles extrañados, así, voluntariamen– te. Si tal se quiso, se debió decirlo con toda franqueza y claridad; y no de– jar invívitas, la hipócrita imposición de una garantía inmobiliaria, y la ame– naza de confiscación probable, en castigo de posibles o supuestas hostilida– des posteriores del propietario, como se hizo. La perogrullada, en este extre– mo, era la más insólita iniquidad.
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