Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
MONTEAGUDO Y LOS ESPA&OLES 667 sentimientos tan conformes con la naturaleza y aun con la dignidad del individuo. Los españoles presentes en Lima hicieron lo único que podían hacer: asilarse y ocultarse en los conventos o casas particulares, dejando, entre tanto, clausuradas sus tiendas o establecimientos, y los demás parajes en que ejercían determinadas industrias. Por su– puesto que el asilo o la ocultación respondían al racional intento de esperar y palpar la realidad de las garantías hasta entonces no vistas ni otorgadas más que por escrito; con tanta mayor razón, cuanto que la hampa, y aun personas que se preciaban de cultas y decentes, habían iniciado campaña de insultos y maltratos contra los residen– tes peninsulares, so color de castigar "a los enemigos de la patria"; pero en realidad los unos, para suscitar ocasiones de saqueo e ilícito lucro; y los otros, para vengar agravios remotos, satisfacer antipa– tías ocultas, o coronar adquisiciones apetecidas, no satisfechas, y por eso mismo sedientas y ardorosas. No lo decimos gratuitamente: apo– yamos el hecho y su afirmación en la palabra misma del general San Martín, quien, en el bando recordado del 17 de julio, decía bajo su firma: "Habiendo llegado a mi noticia, con grave atentado a mis Clelicados sentimientos, y violación de mis humanos principios, que (,.lgunos individuos·acalorados atropellan, persiguen, e insultan a los l spañoles con amenazas y dicterios; ordeno y mando que todo aquel que cometiese este género de excesos, opuestos a la blandura ame– ricana, al decoro, y a la buena y racional educación, sea denunciado al señor gobernador político y militar de esta capital, para que, veri– ficado el hecho, se le apliquen las penas correspondientes a tan re– probable procedimiento" (1). VI Con tales precedentes ¿era dable que las víctimas, y su desapa– nción temporal dentro de la ciudad (y no, como álgunos españoles exaltados o cobardes lo hicieron, en las filas realistas, a la sombra de las bayonetas) merecieran la general confiscación de propiedades que se declaró y ejecutó en seguida? No, indudablemente; cuales– quiera que fueren las razones alegadas en contrario, con una futileza de lógica que, por supuesto, salta a la vista. Por más que el general libertador, en el bando del 19 de julio, basase su draconiano procedimiento, "aparte de los naturales per– juicios que la clausura de los establecimientos comerciales causaba (1) Bando expedido en el cuartel general de La Legua, a 17 de julio, como se dice en el texto, con el nombre de San Martín a la cabeza y su propia suscripción al pie.
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