Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

666 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ gió la labor de éste, descalificó su americanismo y sus sentimientos, hizo intolerable su presencia y trajo por final consecuencia su caída. Y esa hostilidad, como el paludismo, culminó, periódica, pero frecuentemente, en recrudecencias irritantes, apenas viose que, si– multáneamente, tornábase en fuente copiosa de recursos. Los bienes de los peninsulares inermes, cuya sola presencia, en la capital del nuevo Estado, al frente de sus familias, era muestra y garantía de conformidad con el nuevo régimen, de sumisión a los hechos consu– mados, y de una decisión inofensiva, o, si ocultamente hostil, en todo caso impotente; esos bienes, decimos, eran blanco de la avidez del tesoro, agobiado de urgencias, y se hacía preciso vaciar aquéllos en las fauces de éste, ansiosas y sedientas, para salir de los apuros impuestos por la situación, o para satisfacer el anhelo temprano de recompensas, experimentado por el elemento exótico advenedizo, en una tierra que éste contemplara como apropiada para asegurar su suerte y bienestar por todos sus días. Así que la beligerancia, en plena quietud, contra esa clase pací– fica, que tenía sobre sí la mácula original del nacimiento, ya no arrancó sólo de las pasiones inveteradas o del estado de ánimo de Monteagudo; de la facilidad, oportunidad o plausibilidad de los pre– textos espiados y aprovechados por el tremendo ministro; sino, con frecuencia de las necesidades y los ahogos del Erario, convertido en cómplice irresponsable de aquel hombre, tan aciago para la suerte y la gloria de San Martín. V El primer estallido de la atrabilis hispanófoba del régimen, pro– dújose inmediatamente después de la ocupación de Lima. Cristalizó en los bandos de 17, 18 y 19 de julio. Era natural que los españo– les, realistas de necesidad y por patriotismo, mirasen, no sólo con animadversión; sino con miedo, a quienes venían justamente con el _exclusivo objeto de obrar y lidiar en daño suyo, para aniquilamiento de su poderío, para eliminación de su influjo, para derrumbamiento de sus instituciones, personal y leyes; en una palabra, de todo el pa– sado colonial, de su presente en América y de su porvenir; de su p~rvenir, porque ¿qué sería de España, nación pobre y sin indus– tnas, despedazada a la sazón y decadente, el día en que se le arran– cara sus colonias de ultramar, únicas fuentes capaces de vigorizar su energía exangüe y de repletar su tesoro vacío? Los hechos justifi– caron aquel temor; y el simple sentido común, con sólo tomar pru– dentes precauciones, exigía, de conformidad con los principios e idea– les de la revolución, contemplar con tolerancia, y hasta con respeto,

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx