Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

EL CLERO.- EL ARZOBISPO LAS HERAS 659 Asamblea, y opinó por la independencia, y suscribió en segundo tér– mino el acta declaratoria, había hecho cuanto en sus manos estuvo ·por retardar esta última? La tacha es contraproducente, porque hace resaltar, comprender y estimar, en su extremado mérito, la conduc- ta del arzobispo calumniado. · Ya, por otra parte, hemos considerado el ridículo envuelto en aquel temor inspirado por nuevas casas de ejercicios, y por añadi– dura, de muje:i;es; a lo cual basta añadir la inutilidad, la estupidez de cualquiera intentona realista dentro de la capital, teniendo a las puertas un ejército patriota decidido y respetable, que, con sólo presentarse, habr~r.., de un soplo, deshecho cualquiera conmoción provocada por elementos tan diminutos, tan reñidos con la opinión preponderante, y, por lo mismo, tan impotentes. Y, en fin, hemos demostrado de modo palmario, por la sim– ple compulsión de las fechas, que en las medidas dictadas adrede para expulsar al arzobispo, en nada podía influir la iniciación, pro– ximidad y presencia de una expedición realista, que sólo se em– prendió el 25 de agosto, esto es, tres días después de expedida la orden de clausura de las casas religiosas; y que sólo el 5 de se– tiembre se presentó a las goteras de Lima. La expulsión tampoco fue muestra del "entusiasmo del pue– blo" a la aproximación de Canterac, a no ser en el sentido de con· ~,eguir que se acallasen las protestas y murmuraciones provocadas ror tan injusta como inmerecida violencia, que, en otras circuns– tancias, en que no hubieran estado tan a prueba el patriotismo y la prudencia de los pobladores de la capital, habría alcanzado reso– nancia y acarreado peligros por demás odiosos para el gobierno, como a poco ocurrió con el ministro Monteagudo. El pueblo no vio impasible sino que, al contrario, condenó el hecho; y sólo repri– mió su cólera por estar, en esos instantes, en presencia del enemi– go. Monteagudo y sus colegas escogieron bien la ocasión para pro– ceder. Cochrane encuentra la causa del antagonismo entre San Mar– tín y Las Heras, en la circunstancia de que este último no pudiese "disimular su indignación al ver la usurpación que se había efec– tuado, a despecho de las promesas de Chile y del mismo Protector, atestiguadas ante Dios y los hombres, de dejar a los peruanos la li– bertad de escoger su gobierno". Y -agrega- "como el recto pre– lado denunció en términos no moderados el despotismo que aca– baba de entronizarse (alude a la réplica del l '! de setiembre), deter– minó deshacerse de él" (24) . (24) Memorias, cits ., pág . 168 .

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