Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

EL CLERO.- EL ARZOBISPO LAS HERAS 655 cías de la partida; comunicó al cabildo metropolitano lo ocurrido, para los efectos canónicos; y hasta agradeció el acto de fuerza de que se le hacía víctima, perfumando, como el sándalo, el hierro del heridor. "Quedo enterado -dijo ( 5 de setiembre)- de que, aceptada mi renuncia de la dignidad arzobispal, debo salir. dentro de cuaren– ta y ocho horas de esta capital, y trasladarme a la villa de Chan– my, de que daré por separado a S. 'E., las debidas gracias; y de contado se las tributo a US., por la parte que haya tenido en aliviar– me de una carga superior a mis cansados años. "En puntual cumplimiento de dicha orden, he dispuesto sa– lir de aquí mañana 6 al amanecer, por no turbar en modo alguno la tranquilidad y orden del vecindario; y para acreditar mi obedien– cia adelantando seis horas al término que se prefija. "Tengo pedido pasaporte al señor presidente del Departamen– í.O, para mí y tres familiares europeos, los dos sacerdotes y el se· cular; y para mi corto equipaje con la escolta de cuatro soldados. Por separado, pido licencia por quince días para mi secretario, el se– ñor Penitenciario, para acompañarme en Chancay, con el objeto de organizar allí una instrucción (que la premura del tiempo no da lu– gar a expedir) acerca de mis muebles e intereses, que han de que– dar a su cuidado, a fin de que se me auxilie con su producto. "Ultimamente, tengo comunicado el gobierno y mis facultades al Iltmo. Deán y Cabildo, sin reserva de las sólitas y demás espe– ciales que residían en mí, a fin de que todo quede completamente ~bsuelto''. XXIII Efectivamente, momentos antes (~l mismo día 5 de setiem– bre), había oficiado al cabildo de su catedral: "Habiéndose aceptado, con fecha de ayer, por S~ E., el Protec– tor del Perú, la renuncia que, por justas causas, he creído necesa– rio hacer del gobierno de esta Iglesia, previniéndoseme que pase mis facultades al Deán y Cabildo, comunico a U.S. l. dichas fa– cultades, en toda la extensión que por derecho puedo, acompañán– dole las sólitas y bula de privilegio". Y acto continuo, como lo tenía ofrecido en su comunicación •)ficial al ministro, había escrito a San Martín esta carta meritísi– ma, en que resplandecen, a cuál más, el olvido generoso, verdade– ramente cristiano, de la ofensa; su abnegado perdón, noblemente silenciado por una pluma y un alma estrictamente evangélicas; y

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