Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
EL CLERO.- EL ARZOBISPO LAS HERAS 653 "No obstante la referida doctrina, US. me dice en su oficio que, si no he de obedecer sin réplica, ni representar los decretos del gobierno, que son invariables, elija el partido que me conven– ga tomar. Ya tenga deliberado este partido, desde el 24 de julio pró– ximo pasado. Desde esta fecha puse mi escrito de renuncia de esta dignidad arzobispal en manos de S. E., pidiendo la admitiese por los justos motivos que le expongo, y me diese pasaporte para Pa· namá, pues mi edad de ochenta años y mi debilidad no me permi· tían tolerar la dureza de los mares del Cabo. s. E. condescendió eon mi solicitud, y aun me ofreció me proporcionaría barco para el litado pasaje. Si entonces formalicé mi renuncia por los motivos que expuse, ahora la repito de nuevo, agregando a aquellas causas le.. de no acomodarme existir en país donde se fuerza al Prelado a que cierre su boca, y que ahogue los más fuertes sentimientos de ,cu conciencia, sin que le sea permitido dejar de obrar contra ellos. Nací para ciudadano de la Patria Celestial: éste es mi único fin, y todo lo que se le oponga me disgusta. Espero que a la mayor breve– dad, se me admita la renuncia, para que quede aliviado de una car· r.a que ya se me hace insoportable". XX Lorente califica este oficio de "tan digno como elocuente" (12) .Y Cochrane, no vacila en llamarlo "admirable". Si se dejan a un la– do los "silbidos del pastor" y "los ladridos y mudez de los perros guardianes" del rebaño -metáforas desairadas de la literatura bi· blica- la dúplica arzobispal no debió de dejar muy airoso y con– tento a García del Río, ya que, de un lado, restregaba en el rostro del Protector la violación de promesas contraídas seria y espontá– neamente; cortaba, de otro, toda disputa con la desaparición vo– luntaria del contrincante, previniendo así cualesquiera ostentado· nes ae un poder presto a exteriorizarse en lucha fácil contra otra entidad impotente en el orden ostensible y real; y estampaba, en fin, verdades de a folio, arranuqes de una altivez tanto más saltan– tes cuando no estaba reñida con los precedentes que en su apoyo evocaba un princípe de la Iglesia, ni aparecia en contradicción con su virtud, su mansedumbre y su humildad: "Deseo aliviarme de una carga que ya se me hace insoportable". "Nada hay irrevoca– ble, a no ser lo infalible, y nadie hay infalibie si no es Dios". "El yugo bien pesado, es el que impone cumplir una orden, tan sólo (12) Historia del Perú, tomo VI, pág. 20.
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