Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
652 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ gre por una justa causa, amenazándolos, por el contrario, de ser tenidos por perros mudos, que no ladraron ni representaron cuan- do se perjudicaba la salud espíritual de las ovejas''. . "He aquí que una de las principales obligaciones de los obis– pos es defender con vigor el depósito de la fe y de la doctrina que se les ha confiado; y, si el perjuicio viene de alguna de las grandes potestades, representarles, con respeto y sumisión, para no h~cerse <.,Ómplice y participante en él, por una cob-arde condescendencia. De este modo lo practicó, con los emperadores del Oriente, San Juan Crisóstomo; con los del Occidente, San Ambrosio; y con los procón· ~ules del Africa, San Agustín. Eran aquéllos los grandes señores de ia tierra; y, sin embargo, los representaban los obispos, cuando mandaban alguna cosa que podía dañar a las máximas de la reli– gión o de su Iglesia. ¿Y será posible que el Supremo Gobierno de esta ciudad prevenga al arzobispo que obedezca ciegamente, y aun se haga el ejecutor de· los decretos que salgan en asuntos religiosos y eclesiásticos, por más que turben su conciencia y le parezcan opuestos a la doctrina sana y ortodoxa, porque sus decretos han de ser irrevocables? "¡Ah; decretos irrevocables! . .. Expresión que me parece muy fuerte, y poco adoptada de los juristas y teólogos . Cierto estoy que toda autoridad humana, por grande que sea, y por vastos y pro· fundos conocimientos que haya adquirido, jamás llega al grado de infalible en sus decisiones. Siempre es capaz de ser ·engañada o engañarse; por consiguiente, nunca sus resoluciones deberán ser invariables. Este privilegio sólo lo tiene el Ser Supremo; por eso el señor Fenelón, y otros políticos aseguran que es más glorioso, y ucredita tener un alma más elevada, aquel monarca o gobierno que, <. onvencido de haber algún error contra la religión, la razón o la justicia en sus decretos, los revoca, que aquél que jamás ha erra· do. En efecto, querer llevar adelante una orden, porque sólo se friandó, a pesar de que se representen inconvenientes y obstáculos en su cumplimiento, opuestos a la moral, a la doctrina evangélica o a las disposiciones de la Iglesia, es un yugo bien pesado. Por lo que a mí toca, p11edo asegurar que he representado muchas veces, ¡ aún he reclamado de las providencias dadas por las superiores potestades las que, persuadidas de mis justos fundamentos las han rev~c.ado o variado.. Cu~ndo un prelado de la Iglesia habla e~ puntos espirituales o eclesiásticos, es acreedor a que se le oiga y se atien– ~an sus razones; pues el ~ismo Dios nos amonesta, por el evange– lzs~a San Mateo, . que quien_ los oy_e a la misma Divinidad oye, y quien los desprecia, desprecia al mismo Ser Supremo.
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