Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
EL CLERO.- EL ARZOBISPO LAS HERAS 651 XIX Las Heras duplicó en nota del 1? de setiembre; en ella se con– trajo a refutar la sinrazón envuelta en el oficio del minfstro; cogió sagazmente la frase amenazadora que prometía mayores rozamien– tos para después; y, antes de exponerse a los desaires que le augu– raban la fuerza y los caprichos del régimen protectora! omnipoten– te, se apresuró a interpretar las entrerrenglonaduras ministeriales y se eliminó de b escena en forma noble y solemne, reiterando la referida renuncia interpuesta el 24 de julio. Así es que dijo: "He visto con detenida atención el oficio de US., del 27 de agos– to. En él me pa1 ticipa, de orden del Excmo. Señor Protector del Perú, que S. E. ha advertido con dolor que me resista a dar cum– plimiento a su orden de que se cierren las casas de ejercicios. No es lo mismo resistir que representar sumisamente; lo primero se ejecuta de mano armada y con violencia; y lo segundo con venera– ción y respeto; se exponen los inconvenientes que se encuentran; y en este modo está concebido mi oficio. Aun me asistía otra razón pa– ra manejarme así; y es que la bondad y religiosidad de S.E. había convenido conmigo que, en as~mtos eclesiásticos y puntos de reli– p:ión, acordaría con mi dictamen, a fin de no disponer alguna cosa que violase las reglas de la Iglesia. Creo que las indicadas reflexiones me salvarán de la fea nota de resistir las órdenes del gobierno, y, por consiguiente, harán que ya no se mire con dolor lo contenido en mi oficio. "Mas no puedo omitir el significar que me deja en suma angus– tia, y mi corazón nadando en amargura, la prevención que US. me hace de que ese gobierno tiene muchas órdenes que dar; y, si yo he de oponer. a ellas escrúpulos de conciencia, me decid-a. por el par– tido que debo tomar, en la inteligencia de que los decretos que se den han de ser inmutables. Esta prevención tiene un espíritu y senti– do muy elevado. Supongamos que las órdenes que se han de comu– r·icar versaran sobre materias religiosas o eclesiásticas; pues, en las civiles y gubernativas, no me he significado sino con mi pronta obe– diencia. ¿Y cuáles serán estos mandatos? ¿Violarán en algún modo a la Iglesia o su vigente disciplina? ¿Perjudicarán en alguna cosa a la moral? ¿O tendrán oposición a las máximas del Evangelio de Jesu– cristo? Pues entonces, Dios ha constituido a los obispos para que, como pastores y guardas del rebaño que él mismo ha adquirido con su sangre, levanten la voz, silben y representen el extravto. Los amonesta que no se acobarden a vista de las mayores potestades de la tierra, y que, si es preciso, pierdan la vida y derramen su san-
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx