Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
648 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ Sin detenernos a comentar lo pueril y ridículo de un temor que, en presencia de ejército tan próximo y poderos~ ,como el in· dependiente, mir:lba como fuentes y campos de reacc1on ~as ca~as de ejercicios de mujeres, debemos hacer constar que la afirmación de Paz Soldán no es cierta: la expedición de Canterac inició su mo– vimiento de partida en Jauja el 25 de agosto; y la orden de clausu– ra de las casas de ejercicios habíase dictado tres días antes -el 22- esto es, cuando el movimiento mismo y la dirección tomada por las fuerzas realistas que debían descender a la costa, con la capital o el Calla') por objetivo, eran en Lima ignoradas por com– pleto. No es lícito exculpar un paso tan imprudente y tan inútil, con peligros que nada representaban en sí, o con imposiciones de beligerancia que sólo se produjeron después. XVI Sea de ello lo que fuere, la orden, que, como acaba de decirse, expidióse en 22 de agosto estaba concebida en los términos que siguen: "Nada es más conforme a las ideas religiosas de S. E. el Pro– tector del Perú, como el promover por todos los medios que acon– seja la prudencia, los establecimientos piadosos, cuando sirven de apoyo a la moral pública. Pero es también, al mismo tiempo, un de– ber suyo, evitar los males que, a la sombra del celo, podría causar el espíritu de resistencia al voto general de la América. En este caso se hallan por: ahora, las casas de ejercicios que hay en esta ciudad, donde ha sido informado S.E., que se hacen abusos de seria tras– cendencia a la causa del país, empleando contra ella el venerable in- 1lujo del ministerio sacerdotal. En esta virtud, como ordena el Excmo. Sr. Protector, prevengo a. V.E. Iltma., que por ahora se sus· pendan los ejercicios en aquellas casas, mientras se pongan bajo ta dirección de eclesiásticos patriotas, que merezcan la confianza del gobierno, y consulten celosamente el bien espiritual de los fie– les y el progreso de las nuevas instituciones a que es llamado el Perú". XVII Firmaba esta nota Monteagudo, y ante ella mostróse dolorosa– mente sorprendido el prelado, que, a la ocupación de .Lima por los independientes, había obtenido esta formal y espontánea promesa de San Martín: acordar con él todos los negocios tocantes a la re-
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