Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
EL CLERO.- EL ARZOBISPO LAS HERAS 647 XIV Nueve días después -el 24 de julio- presentó al Protector fa renuncia que, en términos definitivos, había resuelto hacer del arzobispado, ora porque sus sentimientos de patriota hubiesen rea– parecido, tardíos, pero potentes, y clamaran contra el rasgo de filantrópico desprendimiento del 15, motejándolo de olvido de lo pasado y renunciación de sí propio; ora porque sus tendencias be– névolas e ideas pacifistas subleváronse contra las pers~cuciones odiosas, crueles vejámenes y exacciones sin cuento que el ministro Monteagudo, con la abierta aquiescencia o la cobarde tolerancia del Protector, había inmediatamente iniciado contra los españoles eu– ropeos (10). Pero San Martín no resolvió, sino que fue aplazando indefinidamente, la aceptación de tal solicitud; siendo así que pu– do y debió aprovechar la brillante ocasión que espontáneamente ofrecíale el prelado mismo, en previsión y para extirpación, opor· tuna y previa, de probables rozamientos y dificultades. XV Se ha dicho que las medidas ocasionales del conflicto entre el gobierno y el arzobispo Las Heras, habían sido motivadas por las exigencias de una aefensa eficaz contra los realistas, que, a las órdenes de Canterac, amagaron a Lima en los primeros días de se– tiembre, en una expedición de cuyo origen, marcha y resultados hablaremos después. Paz Soldán, verbigracia, dice: "La aproximación de Canterac hacía necesario tomar medidas extraordinarias de precaución, para prevenir que una parte no pe– queña de los que permanecían en la ciudad, aprovechando de los momentos en que la fuerza patriota estaba en el campamento, hi– ciera algún movimiento en favor de los realistas. Entre las medi– das de urgente necesidad en esos días, estaba el cerrar las casas de ejercicios de mujeres de Lima; se dio al reverendo Arzobispo la correspondiente orden, haciéndole entender que esa medida se– ría momentánea, por exigirlo así la pública tranquilidad puesto que el ejército español se acercaba, y las beatas fanáticas, azuza– das por sus confesores, podían valerse de ese poderoso arbitrio" (11). (10) Recuérdense los bandos y decretos del 18 y del 19 de julio, en que se inició la inacabable serie de hostiles medidas contra los peninsulares. (11) Op . cit ., t. I, págs. 211 y 212 .
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