Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

54 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ para volar a la captura y el arrastre de la segura presa; pero pronto sufrieron el desengaño de ver cómo Cochrane y su buque, "descu– bierto por ellos un canal" antes ignorado, y "auxiliado por unos tro– zos de madera que no eran vistos desde tierra, navegaban sin el me– nor peligro, y pasaban sin dificultad el "boquerón" que ellos creían trampa o sepultura del terrífico escocés (3). Otro día (el 2 de diciembre), escondido tras el cabezo de la is– la, lanzó adentro como anzuelo a la Esmeralda, aguardando que su vista y cercanía fuese natural estímulo al ansia de desquite en que ardían los corazones que veintiseis días antes la perdieran. Presen– tóse, en efecto, la escuadrilla española de lanchas armadas, a tentar el abordaje. Empeñóse vivo fuego, de una hora, entre ellas y el bu– que capturado; y los realistas cobraban ya, con un denuedo heroi– co, la esperanza del éxito, cuando apareció Cochrane en la O'Hig– gins, maniobrando en dirección al puerto, con el propósito de in– terponerse entre ésta y los atacantes, cortarles la retirada y copar la escuadrilla así aventurada en las afueras. Notándolo esta última, huyó precipitadamente (4). V Renacían, entre tanto, las amargas querellas que en todo tiem– po ensombrecieron las relaciones imperantes entre el vicealmirante y San Martín. Orgulloso y altanero aquél, prudente y medido éste; poseído el uno de su superioridad, modesto el otro y convencido del inmenso daño que a la causa pública ocasionaría una ruptura entre dos potencias conductoras de mar y tierra; empeñado el marino en no subordinarse a ninguna autoridad, y menos a la de su general que él calificaba de inepto y de cobarde, y por el cual experimentaba hondo desprecio; no aceptando, ni reconociendo como buenos otros proyectos que los temerarios suyos -y, por eso inclinado a obstacu– lizar los muy parsimoniosos y largamente calculados de su émulo-, cuyos planes complacíase en desconcertar con sus ímpetus y deso– bediencias, casi no hubo día en que no tropezasen, en su común campo de acción 1 aquellas dos férreas y opuestas voluntades, por cualesquiera motivos y aun fútiles pretextos. (3) Memorias del Lord, 120, ed. cit. (4) Id. id., loe. cit.

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