Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
SEGUNDO Y ULTIMO AVANCE INDEPENDIENTE SOBRE ANCON 53 cito en sus nuevos vivaques y cuarteles, por haber al cabo dejado los de Huaura, que para él habían sido parajes de muerte y de fa~~- r La presunción de inutilidad bélica del avance era evidente,·por– que, para entonces, había ya La Serna formulado (9 de abril) su propuesta de negociaciones, con designación de lugar para éstas (la hacienda de Torreblanca); y, aun contestado esa propuesta San Mar– tín, favorablemente (15 de abril). Ya veremos esas negociaciones abiertas en Huacoy el 2 de ma– yo, y en Punchauca el 3, para entablarse, en forma seria y continua– da, el 4, con las proyecciones y los resultados que se verán oportunamente. Preciso es, en este instante, tornar la vista al mar, y, poniéndola sobre Cochrane y su armada, referir, siquiera fuera a la ligera, lo hecho y conseguido por ambos en los meses transcurridos. Sabemos que el 8 de noviembre de 1820, Cochrane se presentó en Ancón con la Esmeralda como presa, y que allí recibió el aplau– so y las congratulaciones del ejército; que el 12 del mismo mes ocu– póse, con los buques de guerra y de transportes, en trasladar ese ejército de Ancón a Huacho; y que el 15, saliendo de este último puerto al sur, r eanudó el instantáneamente interrumpido bloqueo del Callao. De seguida el vicealmirante diose a su acostumbrada serie de ar– dides y maniobras, con el fin de tentar y atraer a las embarcaciones enemigas; lograr que abandonaran el abrigo y el apoyo de las bate– rías terrestres; y así hacer presa de lo poco que quedábale al poder marítimo español. El 27 de noviembre introdujo en la bahía a la Esmeralda y a la O'Higgins, aejándolas como al desgaire, al alcance de las bocas de fuego de mar y tierra, "en posiciones, dice él mismo, algo peli– grosas" (2). Los españoles, que tenían, sangrante todavía, la heri– da del 6, no cayeron en la red que les tendía "el fantasma del Pacífico". El 30, ante el espanto de los marinos hispanos e independientes, aventuróse con la almiranta por El Boquerón, estrecho peligrosí– simo que abre sus fauces rocallosas y repletas de escollos entre La Punta y las islas del Frontón y de San Lorenzo; en que ruge y salta "la Mar brava" como fiera herida; y por el cual, hasta entonces, na– die había atrevídose a cruzar, si no fuese en goletas de cincuenta toneladas máximum. Aguardaron regocijados los españoles un ine– luctable encallamiento, y hasta aprestaron sus lanchas cañoneras (2) Memorias, pág. 120, edición Biot de 1863.
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