Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
560 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ en el vecino puerto, aún renitente a los rigores de un sitio estrecho y prolongado, cortó las alas al comercio de importación y segó la fuen– te de los ingresos más saneados, anunciando horrendos ahogos para lo porvenir. Ante tal situación económica sin ejemplo en nuestra his– toria, se necesitaban grandes alientos de concepción; extraordinarias dotes de ecuanimidad; prudencia, fe y carácter; consagración abso– iuta, ciego desinterés y energía gigante, para luchar con las dificul– tades, vencerlas sin vaciiación y tornar en favorable un ambiente que amenazaba aniquilar las fuerzas, la salud y aun la vida del Estado. Felizmente y aunque Mitre, con esa insaciable agresividad que siente siempre para con todos los hombres y cosas del Perú, diga del minis– tro de hacienda del Protector que "sólo llevaba al gobierno su fama científica y su carácter moral, aunque con ideas económicas atrasa– das", como si los hombres y los políticos debiesen ser juzgados con relación a los progresos actuales y no al medio y a las circunstan– cias en que viven; felizmente, decimos, diose con un hombre capaz de poseer y ostentar, tras el velo de su humildad y entre la penumbra de su modestia, esas cualidades sobresalientes a que hemos aludido y que la situación imponía como irrenunciables para su salvación y la del país. III A las angustias del momento había que sumar el arrastre de las mismas aflictivas condiciones en que, bajo el tranquilo y pleno régi– men español, se hallaba el foco colonial, por efecto de males arraiga– dos y consuetudinarios vicios. Según un estado y balance publicados por el ministro Unanue el 26 de noviembre y comprensivos de la si– tuación hasta el 30 de junio, los créditos pasivos del fisco virreinal ascendían a la enorme suma de 18.161.636 ps. 3 314 rs.; ya vimos que, según la conminatoria de concurrencia dirigida por el mismo Una– nue a los empleados de hacienda en el decreto-exhortación del 27 de agosto, las listas civiles de sólo la capital, en que, por lo visto, era inmenso el número de parásitos adheridos al tesoro, importaban anualmente 700.000 ps. El desprendimiento emancipador redimía de hecho al Perú, del gravamen impuesto a su vitalidad económica por el monto de las su– mas remisibles al erario de la Península, que representaban una cifra de 11.711.971 ps. 314 rs.; desangre perpetuo en que se extinguían el curso y aun la vida del comercio y de las nacientes industrias nacio– nales. Deducida esta última cantidad -procedente de imposiciones sobre ciertos ramos, como los de temporalidades, naipes y tabacos; subsidios reales y tasas sobre sueldos; pensiones para universidades,
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