Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

554 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ A los infantiles entusiasmos del oficialismo y del ayuntamiento, -no del pueblo- sucedieron, ante esta y las otras concesiones ae que ya se ha hablado, la murmuración y el descontento públicos, jus– tificadamente heridos del desparpajo con que un régimen, consti– tuído por elementos advenedizos exóticos, dilapidaba así, en su provecho exclusivo, los bienes y dineros nacionales. Por supuesto que Chile jamás indemnizó lo pagado por cuenta suya y que el generoso Perú jamás tampoco dijo palabra ni dió paso alguno para conseguirlo. Muy al contrario, veremos, en el curso de la presente historia, la larga serie de reclamaciones, exigencias y disgustos que causáranos la denominada deuda chilena, procedente de los gastos sufragados en la expedición de San Martín. XVIII Que éste una vez constituido en Protector, vio como cosas pre– ferentes la administración y el gobierno del Estado, consideró labor secundaria la campaña antirrealista y olvidó que la independencia nunca sería cosa cierta, sino después de una gran batalla; pruéban– lo el hecho de haberse desprendido del generalato en jefe del Ejér– cito, que en la plenitud de sus poderes pudo conservar; y el nom– bramiento que, en 14 de agosto, hizo del mariscal de campo don Juan Gregorio de las Heras para el desempeño del delicado e importantí– simo cargo. A la vez, designó para Jefe del Estado Mayor General, al coronel tlon Rudecindo Alvarado; y, para Auditor de Guerra;, al doctor don Vicente Ramírez d~ Arellano. Todos tres eran argentinos, profesionales expertos y distingui– dos, amigos del Protector y merecedores de toda su confianza. No vemos en tales designaciones nada de censurable; pero en verdad que siquiera el auditor pudo ser un peruano. Simultáneamente, para congraciarse sin duda con el elemento nacional, aunque, en resumen, quedasen sus grados o ascensos re– ducidos a gracias de papel, otorgó (o tiró, como entonces se decía) los siguientes despachos: de teniente general de ejército, al maris– cal de campo don Pedro José Zárate y Navia, marqués de Montemira; de coronel de ejército, a don José Mansueto Mansilla, patriota es– clarecido que había prestado valiosos servicios a la causa de la independencia de su patria; de coronel general de infantería cívica, al marqués de Torre Tagle; de teniente coronel, también de infante– ría cívica, al conde de Casa Saavedra; de coronel de caballería cívica (con nombramiento de comandante de ésta), a don Francisco Zárate; y, cosa curiosa, que envolvía un disfavor más que un beneficio, de

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