Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

PRIMEROS ACTOS DEL PROTECTORADO 551 escribanos de cámara o secretarios de corte, abogados, procuradores, conserjes y porteros; el 5 de noviembre, los de los consejeros de Estado; el 24, los de los empleados de correos; el 8 de enero, los del Resguardo; y así sucesivamente; todo ello sin contar lo decretado res– pecto a la original Orden del Sol, de que hablaremos después; de– rroche de tiempo, de energía y de fósforo cerebral, semejante al que, en tonterías de la especie, prodigó más tarde, frente al enemigo, en circunstancias mucho más delicadas y premiosas, el móvil, os– tentoso y superficial dictador de 1880. XV Pero el pueblo ·y la aristocracia de Lima -hueca y ligera ésta, frívolo e impresionable aquél- que hoy mismo, y por lo general, se pagan, pavonean y endiosan con las apariencias, vieron obra meri– toria en estas nimiedades, que nada significaban para su destino, nada para la emancipación real, nada para la empresa del día, fin– cada en la guerra; y, tomando las hojas por el rábano y el ruido por ias nueces, diéronse, en su precipitación genial e infantil candorosi– dad, a las expansiones de aquella gratitud entusiasta que tantas veces hundiéronlos en el desencanto o expusiéronlos al ridículo. La oleada afectuosa pareció haber invadido el ánimo y las salas del Ayunta– miento; y, en alas de esa prodigalidad peruana, proverbial y apara– tosa, apresuróse el enunciado cuerpo a interpretar un sentimiento que se supuso tan sincero como general; y propuso el -ob'sequio "a sus libertadores" de medio millón de pesos "en fincas y tierras del Estado". Así la dádiva adelantóse a la ostentación y al reconocimien– to del mérito; y la recompensa, a la prestación del servicio. Pronto tendremos ocasión de detallar el hecho, con indicación de personas y de propiedades. Lo apuntamos, nada más, por ahora y seguimos nuestra narración. XVI Ya, desde el 15 de agosto y con motivo de las escandalosas querellas que San Martín hubo de sostener con el Almirante Cochra– ne -querellas de que extensamente trataremos más tarde- había el Protector descargado, sobre el fisco indigente del Estado novísimo, el peso enorme de una deuda jamás contraída motu proprio por éste, tan angustiosa por su volumen, como por el permanente gravamen que echaba sobre el tesoro y el triste precedente que entablaba para lo porvenir. Nos referimos al famoso decreto de la mencionada fecha, en que se reconocían, como créditos de la responsabilidad del Perú,

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