Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

546 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ primentes de la salud y eliminatorias de toda longevidad, muestra las de nuestros padres! más conformes con la higiene, más respetuo– sas de la naturaleza y más adaptadas a la dicha y a la necesidad de vivir. Levantábanse con el alba, almorzaban a las ocho del día, co– mían a la una de la tarde, cenaban a las ocho de la nocheA y, a las nue– ve o diez a lo sumo, entregábanse al sueño y al descanso. Así se ex– plica la distribución de tiempo que, en un decreto-disertación del 27 de agosto, hizo el bondadoso, pero enérgico Unanue, por demás afi– cionado a tal forma de concepción y elocución administrativas. De– cía así: ''La actividad con que trabaja el Gobierno en cuanto concurre al bueno y pronto servicio del público, debía haber advertido a los em– pleados en hacienda de la morosidad con que lo hacen. Obligados por sus antiguas ordenanzas a asistir indispensablemente a las ofi– cinas siete horas al día en todos los del año, exceptuando sólo los de rigoroso precepto, no practican ni uno ni otro. De aquí el atraso en las labores, y el recargo de manos auxiliares que con sus sueldos consumen las rentas del Estado. Asombra ver que la lista civil de só– lo esta capital, importa anualmente setecientos mil pesos, cuando la América del Norte, en su estado colonial, cubría la de todas sus pro– vincias, con la mitad. "Ejemplo memorable, dice Smith, que hace ver con cuán poco dinero se puede gobernar, y muy bien, tres millo– nes de hombres". Un gobierno ilustrado debe seguirlo, y dar la acti– vidad correspondiente a las manos perezosas. Por tanto, ordeno y mando que, en todas las oficinas de hacienda pública, inclusa la con– tacduría mayor de cuentas, deben sus individuos asistir las siete ho– ras indicadas: las cinco, por la mañana, de las ocho a la una de la tar– de; y las dos horas restantes, de las tres a las cinco; sin que se tenga por feriados ningunos días, fuera de los de rigoroso precepto". Ya se verá, por lo copiado, que los vicios de nuestra vida inde– pendiente no son nuevos ni adquiridos, sino antiquísimos y esencial– mente hereditarios. No son, como algunos creen, hijos "de la licencia republicana", sino importados ab origine por los dominadores pe– ninsulares. Mientras el inglés pregona que "el tiempo es oro", los españoles, y noso-:;ros sus buenos hijos, hacemos tiempo para todo, esto es, lo perdemos y derrochamos en forma miserable. X Necesidad primordial del nuevo Estado era la de apercibirse para la guerra, si no para hacerla por sí solo, ya que en su territorio encontrábase presente un ejército auxiliar, venido con tal objeto; a lo menos para concurrir, dignamente y por igual, a la alta empresa de conquistar su autonomía, debiéndola también al propio sacrifi-

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