Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

PRIMEROS ACTOS DEL PROTECTORADO 547 cio, y no, exclusivamente, al esfuerzo, por cierto muy meritorio, de quienes habían acudido en su auxilio desde países remotos. Tal ne– cesidad fue, naturalmente, comprendida por San Martín. Pensó, pues, en la urgente creación y organización de un ejército nacional; y, quince días después de su advenimiento al Protectorado (18 de agos– to), inició pasos en el enunciado sentido. Fue ~l primero de ellos el llamamiento a las armas, dirigido a los hijos del Perú, mediante una proclama que, inserta en la Gaceta oficial del 22 de agosto (número 13), hallábase concebida en los siguientes términos: "Peruanos! -habéis logrado sacudir el mismo yugo de la ser– vidumbre. Ahora os falta lo más esencial, que es la conservación de los bienes que trae consigo la independencia. Una indiscreta inacción retardaría los efectos tan deseados, de sosiego para las personas, y de prosperidad para el Estado. Los enemigos, aunque cada. día más despavoridos y deshechos, talan los campos, profanan e incendian los templos en todos los pueblos que tienen la des– gracia de s_ufrirlos. No hay medio entre ser libres, o tolerar por más tiempo a esas fieras que hacen ostentación de sus crímenes.– Limeños! Vosotros, que sois tan decididos por la libertad e inde– pendencia del Perú, a vosotros corresponde dar el ejemplo de fir· meza e ilustración qua os es característico. N@ haya uno entre vosotros que no vuele a alistarse en las filas de los bravos liber– tadores. El gobierno ofrece su protección a los que tomen las ar– mas voluntariamente para extinguir a los enemigos. El os asegura que los empleos y distinciones, serán la recompensa de los patrio· ras guerreros, y que no se concederán a los pusilánimes o indife- 1 entes. El sexo amable verá con desdén al cobarde egoísta, y me· recerá su preferencia el que se presente con denuedo a defender la patria. ¡Qué retribución más halagüeña para la juventud, que el apre– cio de sus conciudadanos y las caricias de esas delicadas jóvenes que, algún día, serán madres de sus renuevos patrióticos! -Peruanos: El honor, la religión y los deberes de la sociedad, llaman vuestros bra– zos a las armas/". Esta excitación, un sí es no es pesada y tibia, en que reflejábase el ardiente erotismo carnal de su redactor, ministro de la guerra Mon– teagudo; en que el patriotismo surgía evocado, no en su excelsa concepción ideal de sentimiento nobilísimo, de tendencia innata recóndita, de virtud sacra y suprema; sino en el p·obrísimo rol de pasión interesada, conquistable con el cebo de las recompensas bu– rocráticas; y en que la flamígera pluma de Bolívar habría suscitado el cárdeno rayo y los destellos chispeantes de su genio, produjo no obstante eléctrica sacudida de entusiasmo y abnegación en la juventud de todas las clases, que respondió, solicita, rápida y vivaz,

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