Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
544 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ do tener un conocimiento exacto de todos los beneméritos que, por sus servicios, ya personales, ya con sus fortunas o con sus escritos, hayan trabajado por la libertad de su patria durante el fatal gobier– no español, he nombrado a los individuos que abajo se anota, para que reuniéndose tres veces a la semana, en una habitación de las ca– sas consistoriales, reciban las exposiciones o documentos de servi– cios de todos aquellos que gustaran anotarse entre los buenos pa– triotas; las cuales relaciones se me dirigirán por la comisión, con su informe reservado calificativo, mediante lo cual podrá distinguir y premiar equitativamente a los que sean acreedores a la considera– ción del país". Este documento, en su propio preámbulo, condena los alcances ocultos de la inconsulta resolución: el mismo corazón cuyos gene– rosos sentimientos tendían "un velo denso sobre la conducta de los enemigos", debió a la vez tenderlo sobre la de los hermanos. Miembros de la Comisión Pacificadora fueron nombrados D. Ma– riano Saravia, D. Mariano Alvarez, D. Ignacio Pro y D. José Boqui; argentino el primero, italiano el último, peruanos los otros dos; y todos, individuos de que forzosamente hablaremos más tarde. Pero, como llovieron las solicitudes, y los dichos cuatro miembros no al– canzaran por sí solos para la pesada labor de informar en éstas, pro– veerlas y tramitarlas, el 29 de agosto fue el personal de la Junta in– crementado con cinco miembros más, a saber: los doctores Miguel de la Fuente Pacheco y Tomás Porcada, los ciudadanos don Tomás Vallejo y don José Mariano Aguirre, y el presbítero don Manuel de Concha (3). VIII Se recordará que, por decreto dictado en La Legua el 17 de ju– lio, habíase mandado "borrar, quitar y destruir" todos los escudos de armas del rey de España existentes en los edificios públicos. Ratifi– cando y ampliando aquella disposición, se expidió otra (27 de di– ciembre), por la cual, considerando que "las instituciones de los pue– blos no son sino la expresión de sus ideas sobre el bien común; que los signos exteriores adoptados por los gobiernos constituyen el úni– co lenguaje propio para explicar a la multitud los principios que los animan; que, si en la época precedente la vista del pueblo encontra– ba por todas partes los símbolos de su esclavitud, y estaba ya fami– liarizada con ella, tal época había pasado, y todo lo humillante de– bía desaparecer; y que, en fin, si la nobleza peruana tenía sus tim- (3). Gaceta del Gobierno, número 13 y 15, del 22 y 29 de agosto de 1821, respectivamente.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx