Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
PRIMEROS ACTOS DEL PROTECTORADO 543 sentimiento oculto del siervo contra el señor; y se abrió a su pre– vención ingénita o a su encono, el fácil sendero de la venganza. Los abusos que este despropósito trajo, los escándalos que produjo, los rencores y protestas de que fue justísima causa, intensificaron en el ambiente público la animadversión que, por otros motivos, hubo de atraer sobre su persona el imprudente ministro, tan afecto a esos medios inquisitoriales; reclamaron su caída y adelantaron la ca– tástrofe. VII Otra medida que dio asidero al disgusto, el descontento y las murmuraciones de cuantos, por conveniencia, por tradición, por te– mor, vacilación o cobardía, no habían tenido o no se habían dado <>portunidad de decidirse ostensiblemente contra la causa realista, fue el imprudente establecimiento de la denominada Junta de Puri– ficación, especie de tribunal destinado a la calificación y el recono– cimiento de cualesquiera servicios prestados a la independencia. Palpitaba a ojos vistos, en el corazón del nuevo instituto, el erra– do propósito de establecer una línea separatoria entre los individuos de la familia peruana, distribuídos en dos clases odiosas: privilegia– da la una; desdeñada la otra; objeto, aquélla, de todo género de pre– ferencias; blanco, ésta, de todas las prevenciones e injusticias. Con tal procedimiento, la nueva patria constituíase en una como madre rencorosa, calculadora y desigual, ajena de la ternura y del perdón, dispuesta a cerrar los brazos y eliminar de su amor a gran parte de sus hijos; y, efectivamente, en el concepto de los creadores de tan ex– traña Junta, no sólo imperó el sano sentimiento de distinguir y pre– miar a los abnegados, a los firmes, a los leales; sino, a la vez, el da– ñado empeño de excluir y castigar a quienes pecaron por inconse– cuentes o tímidos, por débiles o cautos, por consideración a los lazos de la familia o por reverencia filial, consumando, a la manera del Cristo terrible del día último, soñado siniestramente por el profeta de Patmos, la dolorosa separación entre las ovejas y los cabritos, entre los malditos y los predestinados. Dictóse la resolución pertinente el 9 de agosto, y en ella decía, o, hablando con más propiedad, se hacía decir, a San Martín: "Si los sentimientos de mi corazón me han aconsejado echar un velo denso sobre la conducta de los enemigos de la libertad de la Améri– ca, que han sostenido el solio de la tiranía en esta capital, la justicia manda que, en la distribución de destinos públicos, se prefiera a aquellos individuos que, en medio de zozobras y peligros, han con– tribuido a allanar el camino de la independencia del país; y, desean-
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