Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

538 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ días entre elección y elección, y siguiendo el orden de antigüedad de las feligresías, Los feligreses del Sagrario se reunirían en el convento de la Merced; los de Santa Ana, en el colegio de San Fernando; los de San Lázaro, en San Francisco de Paula; los de San Sebastián, en el convento de Santo Domingo; los de San Marcelo, en el de San Agus– tín; y los del Cercado, en el Refugio. Adoptóse, desde entonces, el sistema que predominó después durante tres cuartos de siglo (hasta 1896); o sea el de la elección de segundo grado. Cada parroquia designaría cierto número de electo– res, que, reunidos en lo que más tarde se denominó colegio electo– ral, elegirían a su vez, directamente, el personal de los municipios. Así, en Lima, las parroquias precitadas deberían respectivamente, vo– tar por diez, cinco, cuatro y dos electores, esto es, por un total de veinticinco. Las otras capitales, según su población, darían cinco, diez o veintiun electores máximum, aunque esa población, al produ– cir este último número, excediese de veintiun mil habitantes. Los sufragios se emitirían, en cada parroquia, ante cierta junta, compuesta de un presidente, dos adjuntos y un secretario, a los que se agregarían los comisarios de barrio, si los hubiera, y el cura. Pre– sidente, adjuntos y secretario, serían los únicos vocales, es decir, los únicos miembros de la junta dotados de voz y voto para delibe– rar y decidir. La designación de tales funcionarios sería momentá– nea y verbal, hecha, a lo menos, por doce ciudadanos de los concu– rrentes, "en el momento de empezar a formarse la junta". El cura no tenía más atribución que la de ver y certificar si los vocales elec– tos pertenecían o no al personal de la parroquia; y los comisarios, la de indicar la efectividad o inexistencia de las tachas opuestas a los sufragantes, como conocedores inmediatos de sus peculiares circuns– tancias y condiciones. A falta de comisarios, se llamaría a dos o tres ciudadanos probos, también conocedores de los feligreses que acu– dieran a votar. Los presidentes de estas juntas o mesas no eran electivos, como los otros vocales: estaban por el decreto expresamente determina– dos: presidente de la parroquia principal o del Sagrario, sería el del departamento: Riva-Agüero; de la de Santa Ana, el alcalde de prime– ra nominación; de la de San Lázaro, el alcalde de segunda; y en los demás presidirían los regidores más antiguos. Fuera de Lima, la p r esidencia tocaría, en forma igual a la autoridad política, a los al– ca ldes y regidores. Reunidos los ciudadanos en la parroquia y el lugar respectivos, oir ían una misa de Espíritu-Santo, después de la cual procederían inmediatamente a la elección. Las tachas deducidas contra los su– fragantes se decidirían en el acto 1 verbalmente y sin apelación, por

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