Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
502 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ XXII Don Juan García del Río, es al contrario del tranquilo Unanue, uno de aquellos tipos que, al estudiar las variantes impresas por el gene de la herencia sobre el fondo y esencia del prototipo genérico liumano, califica de sensualista el gran sociólogo Patten, y en los cua– les predominan las características de la actividad persistente, del ansia de emigración y movimiento, del espíritu de empresa y de aven– tura, el anhelo de lo desconocido, la pasión pungente e indominada y la audacia impertérrita. Si la figura histórica de Monteagudo, en las bien marcadas eta– pas de su vida, pertenece respectivamente a los anales del Perú, de la República Argentina y de Chile; la de García del Río, sin aproxi– marse a aquélla (tanto más saltante cuanto más intensa la sombra en que envuelve sus trágicos contornos y más espesa la negrura de sus enérgicas líneas) pasa también, alternativa, aunque débilmente, por los tormentosos horizontes de los enunciados pueblos; y, además, por los del Ecuador, Colombia y Méjico, a cuyas playas arriba lasti– moso este perpetuo náufrago de las tempestades del continente, en pos de esas sensaciones profundas que son el imán de su alma, y de los recursos, siempre agotados, que ha menester para su agitada existencia. Hoy, con San Martín, en La Plata y en Chile; mañana, en el Perú, como ministro y consejero del Protector argentino; lue– go en Méjico, como cortesano de Iturbide; seguidamente en Colom– bia, con papel igual, al lado de Bolívar; después, expulsado de su pa– tria (1830) a la caída del monócrata; más tarde en el Ecuador, como ministro de Flores (1833-1834); a continuación en el Perú, con el Pro– tector de la Confederación Perú-boliviana; nuevamente, tras el des– plome de éste, en Chile y en el Ecuador; y últimamente en Méjico, postrer refugio de esta ave de viaje, ya herida y fatigada, que allí al cabo rinde la jornada postrimera (1856); es este escritor errante, este luchador sempiterno, este aventurero político, encarnación su– prema de la carrera insegura, anárquica, desordenada, febril y dolien– te, en que, sin brújula, timón, rumbo ni descanso, desátanse apenas formadas, las incipientes e inexpertas nacionalidades que le brinda– ron albergue. ralmente el vencedor de San Lorenzo: "El viejo honradísimo y virtuosísimo Unanue es uno de los consuelos que he tenido en el tiempo de mi incómoda ad· ministración. Guarde usted esta confesión sincera y veraz, no porque lo nece· site, sino para que sus hijos sepan el honrado a que pertenecían".-V. el nú· mero 32.359 de El Comercio de Lima, edición del domingo 29 de mayo de 1910.
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