Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
PRIMER GABINETE REPUBLICANO 501 !- .. -- - ... ·casi tímido; excesivamente culto; buen orador, gran literato; virtuoso sin ostentación; acrisoladamente honrado; soberanamente buen9; que si, cuando pobre, supo conquistarse la protección y el amor decididos de hombres de valer y acaudalados (18), supo también cuando rico, dispensar beneficio igual a quienes de él eran merece– dores por sus talentos o su bondad; admirable erudito, trabajador infatigable; profundo conocedor de su profesión y de todas las cien– cias similares, en las que fue un verdadero sabio; amante del pro– greso; atento a todos los adelantos científicos, a todos los avances y conquistas de la época, cualesquiera que fuesen; tesonero promotor del notable movimiento que los adaptó al Perú; en consecuencia, gran patriota; en política constitucionalista por convicción y por principios; por eso, partidario acérrimo de la carta y de la impulsión liberal española de 1812, aunque con liberalismo parsimonioso y mo– derado; y afecto, por tanto, a la monarquía, que, participando de las jdeas y miras de San Martín y de sus colegas de gabinete, creyó la más útil, la más apropiada al estado y a las condiciones de su patria. Nada, todavíá, pretendemos decir del político: ya juzgaremos su obra, que, en un Estado nuevo, acabado de arrancar a los reatos y vicios inveterados de un largo despotismo, hubo de ser fruto de pa– ciente creación, de organización minuciosa; y resentirse de eficacia necesariamente tardía, vacilante, imperfecta; labor de hormiga, no por eso menos meritoria y colosal. Por ahora, hemos, exclusivamen– te, delineado al sabio y al hombre; a ese hombre "honradísimo y virtuosísimo", que más tarde, al eliminarse del escenario, ensalzaría sin reservas el espíritu decepcionado del libertador San Martín ( 19). (18) Tales fueron los condes de Monteblanco y Montemar, don Diego José y don Femando Carrillo de Albornoz Bravo de Lagunas; y el opulento propie· tario del valle de Cañete don Agustín de Landaburu. Este llegó al extremo de instituir a Unanue su heredero. Dice a este propósito Paz Soldán (op. cit., t. I, pág. 204): "Retardó (Unanue) su viaje A España dos años (cuando fue elec– to diputado a Cortes por Arequipa), y quizá no hubiera ido, si la gratitud no lo obligara a. ello. Don Agustín Landaburu, hijo de su protector, se hallaba en Madrid, sin bienes, porque, con motivo de haber tomado servicio en el go– bierno del intruso José Bonaparte, se le había declarado traidor, y todos sus bienes fueron confiscados: Unanue consiguió del virrey Abascal que se le nom– brara depositario de ellos; y, al resolverse a ir a España, casi no tuvo más objeto que salvar a su protector y sus bienes; pero, cuando llegó a la metró· poli en 1814, ya Landaburu había muerto dejando a Unanue su heredero. No le fue difícil conseguir el desembargo y entrar en la libre posesión de tan cuan· tiosa herencia". (19) Carta autógrafa del prócer al mismo Unanue, cedida al diario ar· gentino La Nación por el nieto del segundo, Don Eugenio Larrabure y Una– nue, embajador del Perú en las fiestas del centenario argentino. El diario re– ferido publicó dicha carta en su edición del 28 de mayo de 1910. Allí dice lite·
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