Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

500 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ Desazonado por el fracaso de aquellas negociaciones, que, para bien de todos, creyó factibles, con economía de horrores y de san– gre; disgustado de la situación que se originó en seguida; nada incli– nado a las luchas odiosas de la política y extraño a los choques de las armas, retiróse al valioso fundo que ya entonces poseía en el valle de Cañete (17); y allí, entregado siempre a la observación y el estudio, contempló de lejos el desarrollo y esperó el éxito del histó– rico drama. Tornó a la capital poco después de ocupada ésta por las tropas independientes, en momentos en que su vecindario dispo– níase a la formal declaratoria de su emancipación y libertad. Hallá– mosle suscribiendo el acta del 15 de julio y concurriendo, con sus catedráticos y alumnos de la Escuela de Medicina, a la gran ceremo– nia del 28. Conocióle y tratóle entonces San Martín; y, ya que en los planes de este caudillo entraba el de dar al Perú un personal guber– nativo exótico, sin más excepción que la de un representante único del elemento nativo, puso atención en el sabio protomédico y llamóle para colaborador suyo en el Ministerio de Hacienda, "en homenaje, dice Mitre, a la nacionalidad que fundaba". Tal llamamiento, que, se– gún la frase anterior del historiador argentino, parecería concesión graciosa, o benévola transacción con el derecho legítimo de los hom– bres que en esa nacionalidad sobresalían pudo y debió, por las escla– recidas dotes del favorecido l ciertamente superiores a las del medio– cre Torre Tagle, empinarse hasta designación más alta; y constituir, a la sombra de las bayonetas libertadoras, que la habrían escudado contra el desorden y preservado de la anarquía, el nervio y la corona– ción de un organismo político, fuerte, prestigioso y a la vez genuina– mente nacional. No fue así por desgracia. XXI Era Unanue de regular estatura, simpática presencia, aristocrá– tico porte y finísimos modales; de rostro ovalado y limpio, sin bigote ni barba; de cabello suavemente extendido, como al desgaire, sobre la frente despejada y prominente; pobladas las cejas; los ojos, soña– dores; la mirada, penetrante y bondadosa, honda y como adormida en las lejanías de un perpetuo ideal; nariz elegantemente corva; boca pequeña; modo de hablar insinuante; palabra elocuente; modesto, (17) La gran hacienda de Arona, tan célebre por el seudónimo (Juan de ~rona) que en sus escritos usó uno de sus nietos, notable poeta y erudi– to hterato. peruano Dr. D. Pedro Paz Soldán y Unanue, autor del Diccionario de peruanismos de las Páginas diplomáticas del Perú y de muchas otras obras todas interesantes.

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