Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
PRIMER GABINETE REPUBLICANO 499 resultó designado representante de la intendencia de Arequipa, y, pa– ra llenar su cometido, emprendió navegación a la Península (1814). No llegó a incorporarse en las cortes referidas, por lo tardío de su viaje y de su arribo, efectuado con posterioridad a la terminación y clausura de las sesiones; pero empleó lucidamente el tiempo en en– sanchar su experiencia y conocimientos profesionales; consiguió, como ya se ha visto, la expedición de la cédula confirmatoria de la Escuela; y volvió a su patria en 1817, cargado de laureles. Traía el título de médico honorario de Su Majestad el rey Fernando; y venía incorporado, en calidad de miembro activo o correspondiente, ora en la Academia Médica de Madrid, ora en la Academia de Ciencias de Baviera, ora en otras sociedades médicas o científicas de París, Nueva York y Filadelfia. Los célebres naturalistas Pabón y R.uiz, au– tores de la apreciabilísima obra "Flora Peruana", consagráronle la planta de Quito denominada chiriminga, a la que dieron el dictado de febrifuga unanuea. Ya de regreso al Perú, puesto nuevamente en posesión del protomedicato, a la vez que desempeñaba esas funciones que ejerció largo tiempo, dedicó principalmente sus energías al ser– vicio y desenvolvimiento de su obra preferida, de su "hija predilec· ta", la Escuela de San Fernando, como todos hasta hace poco hemos llamado, sin más rodeos ni distintivos, a nuestra Escuela de Medicina. XX Pasó así los tres años siguientes (1817 a 1820), entregado al estudio y a la enseñanza, cuando el estrépito de los acontecimientos políticos que por entonces preparaban la emancipación del Perú, vino a arrancarlo de su tranquilidad y provechosa vida, para envolverlo en el torbellino de sucesos para él inesperados. En las conferencias de paz que, del 24 al 30 de setiembre de 1820, realizáronse en Miraflo– res, encontrámosle constituyendo, en la condición de secretario, par– te de la comisión nombrada por el Virrey para, con los emisarios de San Martín, arribar a la celebración de un armisticio primero y de un arreglo definitivo después, en unión del conde de Villar de Fuente y del teniente de navío don Dionisia Capaz. Vímosle ensegui– da repeler, con noble altivez y enérgica dignidad, la exposición, inju– riosa para las fuerzas patriotas, que en la Gaceta de Gobierno publicara (7 de octubre) el comisionado Capaz, con las firmas al pie de sus colegas Unanue y Villar de Fuente, sin que éstos hubiesen acordado ni menos conocido los términos de tal publicación, que, por otra parte, había sido encomendada, no al atrevido suplanta– dor, sino al propio Unanue.
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