Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

PRIMER GABINETE REPUBLICANO 495 enlace y cuáles son los oficios de los distintos órganos que compo– nen esa máquina singular, la primera entre las obras de la Divinidad; en qué consiste la mutua dependencia con que se auxilian o dañan unos a otros; cuáles son las verdaderas causas que fomentan o des– truyen su armonía; y cuál es el modo de restaurarla. En este an– fiteatro, que hoy se consagra a la enseñanza de la anatomía, ama– r¡,ecerá la brillante aurora que disipe la tenebrosa noche del error, los prejuicios y el desorden. Sus resplandores atraerán a la juven– tud deseosa de recursos que aseguren su subsistencia. Por este me– dio se hallará el Perú en breve asistido de profesores celosos e ilus– trados. Bajo sus manos y cuidados, renacerá de sus cenizas, adqui– riendo su primitivo esplendor y opulencia". XV Asegurada tal conquista, sin preocuparse por lo inmenso y pesa– do de la labor, acomete las demás que responden al vasto y luminoso plan concebido por su pleclara inteligencia. Su entusiasmo, su fe, su decisión, son contagios que envuelven y arrastran a los profesionales de su tiempo. Dondequiera salen a su paso abnegados colaborado– res: Bueno, Dávalos, Pmmte, Valdés, Vergara, Villalobos, Pezet, Ego– Aguirre, Rubén, Echevarría. En el año siguiente ( 1793), instala en el antiteatro mismo, las llamadas demostraciones anatómicas y las interesantes conferencias clínicas; consagradas, éstas, al estudio de una terapéutica eminentemente práctica, en la dolencia y en el ado– leciente; y dirigidas aquéllas lecciones verdaderas de anatomía pato– lógica a descubrir, sobre el cadáver, en la autopsia saltante, tangible, luminosa, las lesiones pertinentes o consecuentes a los achaques ob– servados en vida del paciente. "Un sabio -dijo en el discurso de ins– tauración-, lleno de experiencia y doctrina, conduce a la juventud al lecho mismo del enfermo, y la hace notar todos los síntomas que acompañan o distinguen su accidente. Sucesivamente teje, con la pompa de la erudición y la majestad del juicio, la historia de él. Hace venir a su presencia lo pasado, para declarar las causas; y adelanta la existencia de lo futuro, para formar el presagio. Y, bajo unos alcan– ces que pueden llamarse divinos, propone y arregla la curación. ¡Fe– lices los que pueden consultar los oráculos de la naturaleza pacien– te, en sus propios templos!" Tales fueron los inmediatos e inestimables frutos de la erección del Real Anfiteatro de San Andrés. Allí "Unanue y sus colaboradores ~dice el Dr. D. Leonidas Avendaño- enseñaron la anatomía descrip– tiva, la anatomía patológica, las clínicas médica y quirúrgica y la

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