Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
494 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ del Nuevo Mundo. Y, así, a la vez que la comisión científica franco– española, venida a medir un arco de meridiano en el hemisferio aus– tral, vertía luz intensa en nuestra noche colonial con Jorge Juan y Antonio de Ulloa, Godin, Bouguet y La Condamine, Seniergues y Jussieu (1736 a 1744); venían notabilidades como Feuillé (1709-1711); Frezier (1712), Cosme Bueno (1730); Delgart (1744); Dombey, Ruiz, Pabón, Tafalla y Pulgar (1778-1788); Née, Pindea y Malaspina (1789), Haenke (1790 y otros, que, con sus luces y su ejemplo, despertaron y estimularon a los hombres superiores que por entonces no faltaban en el Perú. Por supuesto que Unanue fue del número de estos últimos (12). XIV Ya vimos que en 1787 había, por oposición, conquistado la cá– tedra de Anatomía. Comprendiendo que tal rama del saber mal po– día ser objeto de enseñanza teórica; y que, al contrario, como la de la ciencia médica en general, que en ella se basa, esa enseñanza de– bería ser esencialmente práctica, experimental, intuitiva, embebido en la utilidad y convencido de la urgencia de instaurar un anfiteatro e iniciar en él una verdadera clínica, redobló sus pasos y exigencias en tal sentido, por ante los virreyes don Teodoro de Croix y don Frey Francisco Gil de Taboada y Lemus invocando para ello una an– tigua provisión virreinaticia, con tal fin expedida, desde 1753, por el memorable virrey don José Antonio Manso de Velazco, conde de Superunda. Y a fe que no resultaron fallidos sus desvelos. Obtenidos el apo– yo y la aquiescencia del virrey Gil y Lemus, radiante de gozo, hace la inauguración solemne del Anfiteatro anatómico en 21 de noviem– bre de 1792. En esa ceremonia, y ante los distinguidos concursos, oficial y social, que le imprimieron brillo con su presencia, leyó Unanue su famoso discurso intitulado "Decadencia y restauración del Perú''; pieza oratoria elocuentísima, destinada a palpabilizar, como lo hizo, con precisión genial y visión cuasi profética, los al– cances y provechos del nuevo instituto, de que él fue director des– de luego. "El cadáver -decía nuestro sabio- disecado y demostra– do, es la sabia y elocuente escuela en que se dictan las más seguras máximas para conservar a los vivientes. En él se conoce cuál es el (12) Cosme Bueno introdujo en nuestra terapéutica el uso, hasta enton– ces ignorado, del antimonio, la cicuta, el mercurio y el opio, Delgart fue el pri– mer cirujano, digno de tal nombre, que se presentara en Lima. Los otros sabios mencionados en el texto fueron, si no viajeros espontáneos, comisio– nados de los gobiernos español y francés. De ellos quedáronse a residir entre nosotros, Tafalia y Pulgar.
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