Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

492 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ ción, alejadas de la realidad y perdidas en las nebulosidades y casuis– mos de una erudición de latinajo, semiteológica, posibilista, insus– tancial y palabrera. Habíanse creado algunas cátedras en la Real Universidad de San Marcos, tales como la denominada del Método de Galeno ( 1691); la de Anatomía (1711); y las conocidas con los dictados de cátedras de vísperas y de prima de Medicina) más antiguas que las preceden 4 tes; pero, aparte de los vicios que quedan apuntados, su estudio, que por éstos últimos podríamos calificar de ideológico y aéreo, no estaba precedido por el de las ciencias propedéuticas auxiliares, co– mo la Física, la Química, la Historia Natural y la Higiene; ciencias cuya enseñanza sólo vino a decretarse e iniciarse en 1787 1 1790 y 1791; de donde resultó que el insigne Dávalos hubiese de hacer viaje ex– preso a Europa, a fin de estudiarlas en las universidades de París y de Montepellier (11). Así, la medicina era una serie de engranajes lógicos, basados en unos cuantos postulados antiquísimos, hipocrá– ticos o galénicos; desenvueltos, con ayuda de hipótesis no compro– badas, en raciocinios y consecuencias, hilvanados por una argumen– tación enfermiza, en exégesis caprichosas, que en todo arraigaban, que a todo se adherían, menos a su fuente esencial, única y primaria: la naturaleza. Y tal era el olvido o el desprecio en que se tenía esta funda– mental rama del saber, concerniente a la salud del individuo, a l~ guarda, defensa, conservación y prolongación de su existencia, y, por eso mismo, a la vida y el desarrollo de las sociedades, que las cáte– dras enunciadas constituían sección universitaria accesoria, apendi– cular y sine mérito, desprovista de retribución y de goces; se conce– dían y desempeñaban ad honorem,· y hasta eran distinguidas con la denominacíón especial, cuasi despectiva, de annulli catedra ( cáte– dras de anillo), como parangonadas a esas otras nombradas catedri– llas, cursos secundarios que, sin más prerrogativa ni recompensa (11) José Manuel Dávalos, limeño, graduóse de doctor en Montpellier a principios de 1787; y su tesis, escrita en correcto latín, fue el primer traba– jo hecho y publicado por un médico acerca de la patología peculiar de Lima. El malogrado e inolvidable Pablo Patrón, en opúsculo expreso, que publicó la Crónica Médica (1885-1886), hizo estricta justicia al mérito de tal obra y a los talentos de su preclaro autor: califica aquélla de monumento estupendo y denomina a éste como "fundador de nuestra patología". A pesar de todo, Dá– valos, de regreso en su patria, vióse desdeñado y hasta hostilizado en ella por multitud de envidiosos y enemigos, al extremo de no poder conseguir una cátedra. Unanue, conocedor de su valer, solicitó su colaboración para la fun– dación de la Escuela de Medicina, a cuyo lustre contribuyó desde la instalación de la misma.

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