Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
PRIMER GABINETE REPUBLICANO 479 Predominaban en su fisonomía los rasgos frenológicos de la fir– meza y la tenacidad. Su ingenio era vivo, su imaginación fogosa, su inteligencia viril, pero sin profundidad ni gran iniciativa. Más que un talento poderoso, era un corazón volcánico: todas sus pa– siones eran intensas, exaltadas, frenéticas; por eso apareda más apasionado que calculador, más agresivo que justo, más impulsivo y temible que sabio y respetable. La desgracia no había podido en– frenar sus arranques; y conservóse siempre, hasta la tumba, impe– tuoso, rencoroso, vengativo, inflexible por hábito y por índole. So– bre todas sus potencias, relampagueó y estalló en él una voluntad enérgica, irresistible, indominable; no era un valiente, ni un héroe: pero sí un carácter. Empapado en los ejemplos, episodios y explo– ~;10nes de la revolución francesa, cuya historia era su deleite, vivía ansioso de imitar a los Robespierre y los Danton, los Desmoulins y los Vergniaud, los Saint Just y los Marat, y resultó un trasplante de Pxaltación y de efervescencia en un medio relativamente tranquilo, que sólo sirvió para hacer su labor contraproducente ·y su figura antipática. Contradicción viviente, batiendo la roca de su energía, sin socavarla, cruzaban por su cabeza y por su pecho las ondas ines– tables y cambiantes de su volubilidad. Lo que amaba frenéticame.µte hoy, sería blanco de sus odios mañana. El mismo habla de sus fiebres mentales, o entusiasmos candentes, explosivos, por ideas y sistemas que fácilmente abandonaría y combatiría más tarde. Federalista, has– ta el extremo de aplaudir la resistencia del Paraguay a las huestes de Belgrano, "porque, conociendo y defendiendo su dignidad, preten– día vivir confederado, y no sujeto a otro pueblo, cuyos derechos eran iguales a los suyos", en lo que por cierto no decía mal; tornóse de repente unitario, y hasta absolutista, al opinar como opinó, en vísperas del Directorio, por el nombramiento de "un dictador que r espondiera de la libertad argentina, obrando con la plenitud de po– der que exigían las circunstancias, y sin más restricción que la que conviniera al interés general". Ya dijimos cómo, de demócrata puro, evolucionó hasta convertirse en constitucionalista anglicano o monarquista constitucional, y en liberal reaccionario o moderado; cómo fue sucesivamente presidencial y cesarista, hasta morir otra vez converso al republicanismo liberal. Esa versatilidad de ideas y 5'entimientos, con la vergüenza, el olvido y el desprecio de su ori– gen, inclináronlo a la ingratitud, vicio suyo frecuente, oprnbioso y fácil, de que fueron víctimas ya no sólo sus protectores y ami– gos, sino sus propios padres (31). Indiferente y frío, olvidadizo y (31) Monteagudo, ni antes, ni después de su elevación ni durante ésta
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