Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

480 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ ciego, fue por eso tan llano para el rigor; y nunca encontró incon– veniente cuando se trató de ejercer su ingénita cualidad. Nacido para la lucha, imperioso y absorbente, violento y do– minante, presto en todo caso a imponer sus opiniones y deseos, ha– lló en la prensa un poderoso instrumento para lograrlo. Más que un literato, fue un periodista; sin que, en sus contados ocios, de– jase por eso de consagrar alguna dedicación a. las bellas letras, de cuya lectura y fruición fue apasionado (32). Su pluma, ante todo, fue un arma de combate. Su estilo, abundante y fácil, claro y en ocasiones sencillo, no por eso alcanzó a ser natural ni enérgico: a veces elevado y elocuente, vémosle en lo general declamador y afec– tado. Resintiéronse sus artículos de la desigualdad y el desgreño y_ue en ellos ponía la precipitación con que viose forzado a produ– cirlos, entre la vertiginosa actividad requerida por la revolución, y el torbellino múltiple y vario de los obstáculos, peligros y nego– cios; y, aunque en la forma se manifestase como un verdadero con– vencido, con todo, su poder y su fuerza elocutivos doblegáronse an– te la versatilidad de sus principios, su hondo descreimiento en ma– terias religiosas (33), y esa desconfianza, ese escepticismo que, en presencia de la anarquía disolvente surgida en algunos pueblos, lle– garon a infundir En su espíritu las trepidaciones de la independen– cia y las extralimitaciones de la libertad. En medio de todo, sobre el movido fondo de sus renuncios Y variaciones, de sus inconsecuencias y volubilidades, conservó ínte– gros, incólumes su carácter y su ímpetu revolucionarios, que im– primen en su histórica fisonomía un tinte y un brillo originales. Es– te rasgo saliente, que le encaramó sobre el nivel común, atrajo siempre sobre él la atención pública, y le hizo indispensable en ciertas circunstancias: nadie, como Monteagudo, arrostró mejor escribió jamás una letra, ni prestó auxilio alguno a los autores de sus días, que entre tanto, gemían en la mayor misería.-Manuel Gorostiaga, La Tribuna ae Buenos Aires, 31 de enero de 1878.-El padre de Monteagudo don Miguel, habla en su propio testamento de su lastimosa miseria, por consecuencia de los robos Y saqueos, que como español, había padecido.- Fregueiro, op. cit ·, págs. 15 y sgtes . (32) Pero siempre con tendencias a la lucha y a la propaganda, como se revela en la traducción que hizo de la tragedia lusitana: "El triunfo de la na– tz:.raleza", con la cual procuró apartar a la juventud de uno y otro sexos de la vida del claustro.- J. M. Gutiérrez, El coronel Rojas, pág. 28. (33) Hallándose Monteagudo con Castelli en el Alto Perú en el pueblecillo de Laja, penetró en la iglesia de éste, revistióse con las preddas sacerdotales, escaló el púlpito y predicó, ante el absorto auditorio, un sermón cuyo tema era este: la muerte no es sino un sueño largo. V. Núñez, Noticias históricas, Buenos Aires, 1857, pág. 3.58.

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