Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

478 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ quiría la impresión en ella producida por este hombre, que acaba– ba de serle presentado. Distinguido el porte; las maneras desem– barazadas, sueltas, altivas, de persona habituada a ostentarse en público, a exhibirse en las grandes ocasiones, a comparecer en los comicios populares, sociedades literarias y asambleas políticas. Extremado en el aseo, jamás, ni aun en medio de las nieves eternas, olvidó el baño tónico o higiénico perfumado con profu– sión. Nunca dejó de traer las uñas cuidadosamente recortadas, y, femenil, esmeradamente limpias. Pasión suya, la elegancia: gusta– ba de presentarse correctamente vestido, y ostentaba con frecuen– cia alhajas y anillos valiosos, cuando sus intermitentes posibilida– des lo permitían. El pobre alojamiento de Buenos Aires tornóse ostentosa morada en Lima {¡28). Frugal y rápido en la mesa, era ávido de refinamientos en la cama: deleite, voluptuosidad, luju– ria eran su flaco. (29). Rendido y obsequioso con las mujeres que impresionaban sus sentidos, mostrábase, con las otras y con los hombres, seco y liasta agrio. Nimio en las fórmulas y atenciones tratándose de él mismo, importábanle poco las que concernían a los demás, no tanto por falta de intensidad educativa, cuanto por un orgullo ensimismado y enfermizo: "áspero, dice Paz Soldán, in– solente, grosero, todos eran para él ignorantes, mequetrefes, apáti– cos" (30). Ese orgullo rayaba en altanería y rudeza para con los humildes en tanto que tragaba bilis y se escondía, dócil y tímido, en presencia de poderosos y grandes, a los que seducía y conquis– taba, según sucedió con O'Higgins y Alvear, San Martín y Bolívar, Y para quienes se hizo imprescindible, necesario, sirviendo los in– tereses, halagando las pasiones, adivinando los pensamientos de aquéllos y de cuantos con su amistad y protección, podían ser es– cabel de su elevación o satisfacción de sus perspectivas. (28) Cuando, por denuncia de su cocinero, el pardo Nicolás Valverde, súpose en Buenos Aires que Monteagudo, al irse a Río Janeiro huyendo de la prisión en que le tenían por alvearista, había dejado sus muebles en casa de doña Josefa Casero y embargáronse y rematáronse éstos judicialmente, ha– llóse que tales muebles eran excesivamente pobres, lo indispensable para no comer ni dormir rusentarse en el suelo". Aquel remate produjo apenas 244 ps. 5 1/2 rls., que sirvieron para cancelar las también escasas deudas dejadas por el fugitivo, cuyos acreedores únicos eran: casera, sastre y cocinero.– Fregueiro, op. cit., págs. 143 a 147. (29) En la misma ocasión a que se refiere la nota anterior descubrióse que, en su modesta biblioteca, tenía lugar primario la obra de Aretino; circuns– tancia denunciadora, desde aquella fecha, de su ardiente inclinación a los pla– ceres sensuales.- Id . id ., pág. 145. (30) Historia del Perú Independiente, t . I, pág . 316 .

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