Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

476 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ do que, ~sí ~om~ a-nte;·ningún deñ~ho existía, toaa oblig~~ión debía d ,, esaparecer a su turno . Tales eran las ideas en que sus actos y los del Protector habían de inspirarse en el Perú. Quizá si, inicial, temporalmente, ellas ha– brían poctido propender a una mejor organización en el equilibrio y a un más perfecto desenvolvimiento en el orden; pero, por des– gracia, sirvieron sólo para instituir un régimen desnudamente mi– litar, sin limitación ni contrapeso, y por ello más odioso que el ab– solutismo; para imponer un gobierno extranjero, en que resultó pi– soteada aun esa decantada moderación de la libertad, porque sig· nificó la radical negación de la libertad misma XXIX Preparaba por entonces San Martín la expedición que, en las regiones del Nor-Pacífico, contribuiría a realizar la importantísima empresa de libertar al Perú, teniendo en cuenta que, sin la eman– cipación preferente del pueblo en cuyo hogar había concentrado sus recursos y su poder el despotismo español, siempre habría de quedar amenazada y en cualquier instante expuesta a perderse 1a libertad de la América. Monteagudo, en esas circunstancias, mos– tró ser, en sus escritos y en todos sus actos, entusiasta y acérrimo propagandista de la magna obra. "No es sólo -exclamaba- la li– bertad del Perú y la independencia del Nuevo Mundo; no es sólo la suerte de las generaciones venideras y la causa de la civilización; no es sólo el comercio de las naciones industriosas y la prosperi– dad de todos los hombres que quieran participar las ventajas de nuestros fecundos climas; es la justicia, la tranquilidad de nues– tras familias, es nuestro honor que se halla pendiente en esta em– presa!": Sus talentos y servicios, y hasta sus delitos que tan eficazmen– te habían propendido a tranquilizar a O'Higgins del temor infun.. dido en su ánimo por la proximidad y los planes de sus incansa– bles émc1os y enemigos los hermanos Carrera, habíanle reconquis– tado el cariño y le. decidida protección del Supremo Director chi· leno. La tenaz intercesión de éste doblegó al fin el enojo y ahogó la prevención que los antecedentes relatados habían suscitado en el corazón de San Martín, convencido, en todo caso, de cuán útiles podían serle la experiencia política, la pluma pungente y la infati– gable laboriosidad de su secretario de otros días . Expeditos al fin los transportes con la escuadra y prestas las tropas llamadas a partir en aquéllos, el general en jefe, que ya traía

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