Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

PRIMER GABINETE REPUBLICANO 475 de San Luis a Mendoza, donde, para aliviar su estrechez de recur· sos, se le nombró auditor interino de la respectiva intendencia. En Mendoza dedicóse a redactar un extracto del proceso se– guido contra los hermanos Carrera, con la mira de justificar la sen· tencia en él recaída, y de exculpar el precipitado suplicio con que se le dio cumplimiento. Ese extracto fue por él publicado en San– tiago el siguiente año (1820). A principios del mismo se nos pre– senta de vuelta en la capital de Chile, lanzando a la luz pública otro periódico político (20 de abril), intitulado El Censor de la Revolución, con la colaboración de otros distinguidos escritores, entre ellos su futuro colega ministerial el colombiano Juan García del Río. En esa publicación confirmó y explanó sus flamantes doc– trinas moderadoras de la democracia pura, con francas orienta· dones hacia los gobiernos estables y fuertes, y hacia los clerechos estrictamente limitados. "Los autores decía, de los reglamentos li– berales, deseos.os de ganarse el favor popular para establecer su autoridad, ofrecían más de lo que podían cumplir, y no tenían fir· meza para resistir las pretensiones ilimitadas de la multitud, con– cediendo a sus deseos sólo lo que era practicable. Los pueblos ha· brían experimentado mayores beneficios y menos convulsiones, si, en vez de pompo~as cartas constitucionales, se les hubiese dado, gradualmente, sencillos reglamentos, que, por ahora, sólo asegura– sen a los ciudadanos una breve administración de justicia, y el li· bre ejercicio de aquellos derechos de que dependen la paz y la fe– licidad domésticas".- "Conocemos por experiencia los peligros de la democracia: bien a costa nuestra hemos aprendido a temer la tiranía del pueblo, cuando llega a infatuarse con los delirios demo– cráticos".- "No podemos ser tan libres como los que nacieron en esa isla clásica que ha presentado el gran modelo de los gobiernos constitucionales, o como los republicanos de la América septentrio– nal, que, educados en la escuela de la libertad, osaron hacer el ex– perimento de una forma de gobierno cuya excelencia aún no puede probarse satisfactoriamente, por la duración de cuarenticuatro años".- "Para gozar de la libertad, es necesario hacer una especie de aprendizaje, antes de adquirir la constante moderación que de– be animar al que desea ser libre. Si la historia presenta algunos ejemplos de naciones que han querido sacudir el yugo de la violen– cia, y han vuelto a quedar sometidos a él, después de grandes sa– crificios, no es sino porque, rasgado de un golpe el velo que cubría sus derechos, se han deslumbrado con tan brillante perspectiva; y, por una retaliación imprudente, sugerida por el encono, han crei-

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