Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

464 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ éstos acarician en pro de la emancipación del continente. Hay que quitar de en medio al áspid que así marca su paso con la división o la muerte; y, ya que no es posible suprimirlo, se hace ineludible alejarlo del teatro en que está vertiendo el veneno de su procacidad y de sus intrigas. Monteagudo recibe mandato perentorio de par– tir en el acto, GOnfinado a Mendoza (ilO de octubre de 1818). En Us– pallata le recibe otra conminación del gobernador Luzuriaga, ad– vertido previa y oportunamente de su venida: debe seguir, no a Men– doza, sino a San Juan, por la senda del despoblado. El juez de los Carrera, en cuya conciencia debe de haber despertado espantoso el remordimiento, le impone ese "inmenso rodeo, como si temiera su contacto, como si procurara apartarlo de su vista" ( 17). Llega a San Juan, y lo humilla otro rechazo: se le manda avanzar hasta San Luis, y allí permanecer, bajo la fe de su palabra, hasta nueva de– terminación de la oculta mano que le empuja y que le sigue. Es un apestado a quien se aisla para imposibilitar el contagio. "La mano de fierro de la Logia de Lautaro, posándose sobre aquella cabeza atormentada por las furias de la pasión, hace sentir al soberbio revolucionario que, más arriba de las conveniencias políticas, más alto que la satisfacción mezquina de los celos, está la autoridad moral; que el juido de los amigos y partidarios es tan implacable como el de la justicia, como el de la história; y que, ante la som– bra pavorosa del crimen, la conciencia más pura, como la más ex– traviada, sienten el vértido que produce el crimen mismo en el al– ma de los delincuentes" ( 18). XIX Parece que, en su infidencia genial y atento sólo al logro de sus planes, habían sus florentinas maquinaciones atentado aún contra su propio protectc.r, el director O'Higgins. Déjalo ver una carta di– rigida a este último por San Martín (10 de octubre): "Cuando ve– nía por Casablanca -dice- de vuelta de mi viaje a Valparaíso, re– cibí un enviado de la sociedad (19), con la noticia de haber resuel– to (los amigos) la confinación de Monteagudo a Mendoza, por ha– berse descubierto que este hombre ingrato trataba de maquinar corttra usted. Como todos persistieron en que este era el mejor me– dio, lo he realizado así mismo, y Monteagudo va ya en camino des– de esta mañana de alba". {17) Fregueiro, op. cit., pág . 193. (18) Id. id ., pág . 194. (19) La Logia de Lautaro .

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