Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

460 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ mientras hacía lujo de desvío para con Carrera, irritado sin duda por la intolerable presunción y altanería de éste: con la prisión del mis– mo Carrera, que, para frustrar necios planes de invasión en Chile y salvar los proyectos propios, favorables a aquel país, se vio en la necesidad de ordenar el presunto vencedor de Chacabuco; y; en Hn, con la posterfor ascención de O'Higgins al poder. Libre don José Miguel, conocedor de los prop6sitos de San Martín, y anheloso de ser el, antes que un extranjero,· quien liber– tara a su adorado Chile, emprendió viaje de Buenos Aires a los EE.UU., donde para lograr su lícito y loable objeto, aprestó una escuadrilla, acopió abundantes elementos y constituyó la plana ma– yor de su futuro ejército con un núcleo de oficiales extranjeros, selectos y decididos. De regreso en las aguas del Plata,. el gobierno argentino, que por su puesto apoyaba los planes de San Martín, y creía conveniente no perjudicar éstos con la coexistencia de otro aiguno privó autoritariamente a Carrera de sus buques. decomisó sus elementos, y hasta recluyó al fogoso patriota en un cuartel de la capital argentina. Carrera recibe airado en su reclusión la visita del futuro libertador que, brindándole como un favor el permiso de volver a su patria 1 impónele como condición la promesa de ho– nor de no volver a mezclarse en su existencia política. Huye poco después y se refugia en Montevideo, plaza entonces adversa toda– vía. Sus h~rmanos Juan José y Luis, establecen entre tanto un cen– tro de conspiración chilena en Buenos Aires, en casa de su atracti– va e inteligentísima hermana Doña Javiera. Entran en inteligen– cia con los carreristas de Santiago y con los amigos expatriados de Cuyo. Llegado el momento en que creen oportuno proceder, em– prenden viaje a la frontera en pequeñas y separadas partidas. Mien– tras algunas de éstas caen en manos de las autoridades chilenas, las argentinas sdrpreDden y capturan a Luis en Mendoza y a Juan José en Barranquita. Un gobierno extranjero los procesa por el delito de facción en su propio país. Los procesados protestan contra ta– rnaña injusticia. No obstante, el proceso avanza. Ya en estado de constituir el veredicto, elévase la causa a Pueirredón, Director Su- ·premo de las Provincias Unidas. A la sazón San Martín ha atrave– sado los Andes y aun vencido en Chacabuco. Pueirredón, que no quiere convertirse en instrumento de las iras de un gobierno extra– ño, lávase las manos como Pilatos y remite el expediente a O'Higgins. Este, a pretexto de perseguir la formación del consejo, lo pasa a San Martín, general en jefe. San Martín se excusa a sí propio Y excusa a sus conmilitones que tacha de parciales por los preceden-

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