Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
PRIMER GABINETE REPUBLICANO 459 sino la rabia y el furor de la desesperación, el grito estridente de una conciencia extraviada. La misma pluma, cediendo a un estre– mecimiento convulsivo de la mano que le guía, ha tropezado en .el papel y producido una menuda lluvia de puntos negros, que seme– jan un velo de dolor desplegado por los dedos invisibles de la fa– talidad en el fondo de ese cuadro sombrío que iluminan los leja– nos resplandores de la victoria" ( 13). Juan José y Luis Carrera, este último casi adolescente, son fusilados sin compasión a las tres de la tarde del 8 de abril, media hora después de firmada su sentencia, en nombre de la libertad y de sus pretensos peligros! Y otra me– dia hora más tarde, según el historiador chileno Barros Arana (14), para remordimiento eterno de los inicuos jueces, para eterna man· cha de su consejero, asesor y azuzador Monteagudo, llegaba a Men– doza la nueva -recibida entre gritos de entusiasmo, esparcida en· tre transportes de alegria, y sólo empañada por el amargo recuer· do del suplicio acabado de realizarse- de haber San Mmtín triun· fado gloriosa, definitiva, absolutamente, en los históricos llanos de Maipú. XIV ¿Qué ofensa habían inferido, qué daño habían esos infelices causado al terrible redactor de su sentencia? Ninguno. ¿Por qué. entonces, aquel odio implacable? ¿Cuál su horrendo delito, redi– mible y pagadero, así solo, con su sangre? Veámoslo en breves li– lJeas, para prescindir de sucesos y detalles que no conciernen a la presente historia. Sabido es que José Miguel Carrera, rival o émulo de O'Higgins, contra quien hubo escalado la magistradura suprema, había caído por efecto de la catástrofe espantosa, y hasta oprobiosa, padecida por las armas chilenas a las puertas de Rancagua. Carrera y O'Hi· ggins eran, pues, implacables enemigos; aun habían medido sus armas, disputándose el predominio en su patria, en batalla reñida, trabada a las riberas del río Maule. Esa enemistad, en que O'Hi– ggins abriera un día paréntesis generoso, sometiéndose a su rival para hacer frente al enemigo común, reagravóse con la vergonzo! sa conducta de Carrera en Rancagua; con las recriminaciones que uno y otro jefe dirigiéronse en Mendoza, imputándose recíproca y escandalosamente la responsabilidad del desastre; con la preferencia notoria que en esta última ciudad dispensó San Martín a O'Higgins, (13) Fregueiro, op . cít., pág. 177. (14) Historia de la Independencia de Chile, t. IV pág. 411.
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