Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

PRIMER GABINETE REPUBLICANO 457 .nes de julio, clandestinamente al Brasil. El 3 de agosto se encuen– tra ya, libre y tranquilo, en Río de Janeiro (9). De ahí pasa primero a EE. UU, y después g Europa. En mar– zo de 1871 hállase en Burdeos (10). Vuelto a Buenos Aires, aquel año, se aleja disgustado de su patria y pasa los Andes a la expira– ción del mismo ( 11). En enero reside ya en Santiago. Allí cábele la gloria de redactar el acta de la independencia de Chile. Estre– cha con O'Higgins las amistosas relaciones que con él ha trabado en Buenos Aires. Se le llama poco después a servir la Secretaría del Libertador San Martín. Como tal secretario, concurre con éste a la desastrosa acción de Cancharrayada, desastrosa a la vez párá la respetabilidad de Monteagudo, para su dignidad, para su nom– bre. Apenas producida la sorpresa nocturna con que Osario se po– ne a punto de desbaratar las fuerzas patriotas; apenas iniciado el desorden; apenas surgido el pánico célebre de esa terrible jornada, Monteagudo despierta, vaga un instante, frenético; salta sobre el primer bridón que se ofrece a sus ansias; abandona el campo, y corre, y vuela sin descanso, desolado, jadeante, sudoroso; y cruza pampas y escala desfiladeros, y repasa los abruptos y frígidos An– des; y sólo se da tregua, sólo encuentra quietud y calma en llegan– do a Mendoza. Inmensa distancia interpónese entre su vida y su honra, entre su salvación y su deber, entre el secretario y su jefe. San Martín busca a ese secretario entre las sombras: el secreta– rio ha desaparecido. San Martín inquiere, truena, se desespera: hay que expedir órdenes inaplazables, hay que extender comunica– ciones urgentes; el secretario se ha hundido a lo lejos, en las en– trañas de la noche, y nadie sabe nada acerca de su paradero. Ya rea– parecerá su silueta satánica tras un patíbulo, en la tragedia llorosa próxima a desenvolverse ( 12). (9) Según carta que de esa capital dirige a Miguel Carrera. Es curiosa, en esa carta, la frase siguiente, que le da término: "En todas partes me haré un deber de ser, con la mayor franqueza y sinceridad, su afectísimo amigo". Tal decía entonces el que, poco después, habria de ·Ser el más encarnizado e implacable acusador de los hermanos Carrera. V. Vicuña Mackenna, Ostracis– mo de los Carrera, pág. 43. (10) Así aparece de una carta que el mismo Monteagudo dirigió a Riva– davia, residente a la sazón en Paris. (11) Carta a O'Higgins del Director Supremo Luis Cruz, que, al anunciar el hecho al Director de Chile, lo hace, dice Barros Arana, ''en términos que indican claramente cuánto aprecio se hacía de los talentos y del carácter del recién venido". V. la Historia de la Independencia de Chile, t. IV, pág. 398. (12) No exageramos, a no ser que se tomen por exageración las pincela– das que avivan el cuadro de esa huída bochornosa. Pero el hecho está inexo– rablemente registrado por la historia. Tráenlo los propios panegiristas de

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