Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
456 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ Jos pueblos marchan a la independencia", pretende ir "con pasos más medidos, sin aventurar saltos atrevidos y opuestos enteramen– te a los principios que de Norte-América se quiere imitar". Hace en El Redactor una explicación de la carta política americana, de sus bases y precedentes. Olvida su entusiasmo por Rousseau, y le sustituye por Burke. Pergeña cuidadosamente sus Reflexiones, y ]as termina con estas palabras: "Para formar un gobierno no se necesita gran pmdencia. Fíjese la autoridad, enséñese la obedien– cia, y está concluída la obra. Dar la libertad a un pueblo es cosa todavía más fácil; para esto no se necesita guía; basta largar la rienda. Pero formar un gobierno libre, esto es, templar recíproca– mente dos elementos tan opuestos como la sujeción y la libertad, es empresa que requiere mucho talento, profunda reflexión, genio sa– gaz, sublime y combinador. Este monarquisimo súbito, más tarde monopolizador y enfer– mizo, conviértese en obsesión de su espíritu, en presencia de los desórdenes que la federación prematura y una anarquía desbor– dante, promueven en su patria; obsesión que, por contagio o suges– tión, prende también en el alma de San Martín, y trae al Perú, en las determinaciones y los planes de esos dos grandes hombres, el ger– men de aquel estacionarismo extático que, desarrollado a la sombra del Protectorado, aplaza tanto tiempo y aun obstaculiza la consecu– ción de una independencia real y definitiva. XII A la terminación del gobierno de Posadas, es su sobrino Al– vear promovido al Directorio Supremo de las Provincias Unidas (9 enero 1815). Monteagudo, con él, llega al pináculo del valimien– to político. Pero, a los cuatro meses escasos, precipítase ruidosa– mente el joven y flamante Director, al paso de rápido desprestigio y de una animadversión casi unánime. Monteagudo, que, con su azarosa vida, ha de confirmar la ley física e histórica de que la al– tura es ocasión de toda caída, resulta, por su alvearismu desatado y notorio, envuelto en la prevención general. Perseguido, y captu– rádo en la noche del 15 de abril (1815), es, por equidad, condena– do a destierro en ultramar, a donde debe, de orden suprema, partir en la oscura y sucia bodega de un buque de carga, bajo partida de registro que dé constancia de la expulsión. Logra fugar antes de que tan dura sentencia se cumpla. Permanece oculto, y sale, a fi-
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