Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

PRIMER GABINETE REPUBLICANO 453 la patri~ deben contarse por felices, si antes de elevarles estatuas, no les levantan cadalsos". La indulgencia con los europeos, y con los americanos enemigos del sistema, es la causa radical de nues– tras desgracias. Yo no quiero que se levanten suplicios por todas las calles. No; no soy tan sanguinario en mis deseos; pero quiero, por el mismo bien de la humanidad, que se inmolen a la patria al– gunas víctimas; que se derrame la sangre de los agresores, para que no perezca el pueblo". "Sangre y fuego contra los enemigos de la patria; y si, por nuestra desgracia estamos condenados a ser vícti- 1nas de la opresión, perezcan ellos en la víspera de la nuestra" ... ''Hagamos la guerra con entrañas de bronce, ya que a nuestros ene– migos sólo les falta la figura para ser tigres". Truena, a veces, con energía extraordinaria y hasta con elo– cuencia, martirizado secretamente por el recuerdo amargo de su modesto origen: "Sólo el santo dogma de la igualdad puede indemni– :zar a los hombres de la diferencia~ muchas veces injuriosa, que han puesto entre ellos la naturaleza, la fortuna o una convención antisocial. La tierra está poblada de habitantes más o menos fuer– 'tes, más o menos felices, más o menos corrompidos; y de estas accidentales modificaciones nace una desigualdad de recursos, que Jos espíritus dominantes han querido confundir con una desigual– da quimérica de derechos, sólo existente en la imaginación de los tiranos. Todos los hombres son iguales en presencia de la ley: el cetro y el arado, la púrpura y el humilde ropaje del mendigo, no añaden ni quitan una línea a la tabla sagrada de los derechos del hombre" (8). IX Hacia 1812, constituyóse en Buenos Aires la famosa Logia de Lautaro, que tanta influencia había de ejercer en la emancipación de América, como que fue próvido núcleo de todos los hombres dirigentes del movimiento libertador; y reinstalóse ( 13 de enero) la Spciedad Patriótica Literaria, grupo de jóvenes, patriotas y de– cididos, que pretendía encauzar ese movimiento e impulsar y de– purar la opinión. Monteagudo apresuróse a formar parte de una y otra. En ambas, y pronto, abriéronle paso y diéronle preeminencia su fogosa energía y fanáticas convicciones. El día de la reinstalación solemne de la última (30 de junio), encomendósele el discurso de orden o de apertura; pieza candente, en que, con el modesto título (8) Gaceta del 21 de febrero de 1812.

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