Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
442 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ pueblo. Para un paso tal como el que se había dado, no se me con– ~ultó en nada, seguramente porque sabían que yo no me prestaría a actos que no fuesen para sostener intactas las intenciones del su– premo gobierno de Chile, declaradas en diversas proclamas. Estos procedimientos acabaron de convencerme de que el general, al te· ñer su ejército en la inacción, tuvo la mira de conservarlo intacto para sostener sus ambiciosas miras, y mantener a Lima a su dis– creción, cual un conquistador. Como la existencia de la nueva au– toridad constituída estaba en contradicción con las instrucciones de Chile y lo prometido tantas veces a los peruanos volví ll trasla– dar mi pabellón u bordo del O'Higgins, resuelto a defender los in– tereses de Chile, y sin mezclarme de modo alguno en los procedi- · mientas del general San Martín, mientras no atacasen mi auto– ridad de comandante en jefe de la marina chilena". XXVI Como la comunicación de O'Higgins fuese la única que halagaba los sentimientos y actos de San Martín, éste, con fecha 27 de setiem– bre, se apresuró a darle réplica, manifestando el agradecimiento que ihabía despertado en su espíritu: "Nada asegura tanto, dijo, la estabilidad de los nuevos Esta– dos de nuestro continente, como la unión y buena armonía recípro– c,a. V. E., que de continuo se desvela por la prosperidad de los p~eblos que dirige, y sabe calcular tan bien todo lo que exige la felicidad de América, tributa elogios al hecho de haber reasumido yo en mi persona el mando supremo político y militar del Perú. El amor al bien público sólo pudo determinarme a dar este paso; y procuraré hacerme acreedor a las consideraciones con que V. E., me honra en su nota del 6 del corriente.- Durante mi administra– ción, no omitiré me·dio alguno para hacer indisolubles los víncu· los que estrechan a ambos Estados, y siempre manifestaré la gra· titud que me inspiran las grandes virtudes, no menos que los emi– nentes servicios que a la causa general ha prestado la heroicu na– ción chilena baje la sabia dirección de V. E.". XXVII Muchas de las piezas transcritas -oficiales unas; privadas otras, como las cartas de San Martín, O'Higgins y Cochrane- no llegaban ni podían llegar a noticia del pueblo, condenado a no conocer, en la forma y extensión limitadas que para aquel período son de suponer,
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