Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
EL PROTECTORADO 441 la la extensión del horizonte político. Mas, si usted va fiado en las alas de la fortuna, cual otro !caro, con alas de cera, su caída pu– diera aplastar la naciente libertad del Perú y envolver a toda la América en la anarquía, la guerra civil y el despótismo político". · "La fuerza verdadera de los gobiernos está en la opinión pú– blica. No crea usted que es a la persona de San Martín que el pú– blico está adicto. No se imagine que se granjeará la admiración y <?.l afecto del linaje humano sin observar una conducta recta y dig– na". "Observe Ud, mi querido general, las lisonjas que los serviles prodigan aun a los más indignos cuando están en el poder. Los aduladores son más peligrosos que las más venenosas serpientes; y, después de ellosJ lo son los hombres de saber, cuando no tienen el valer y la integridad bastantes para oponerse a medidas ruines, que han sido discutidas o de las que se ha tratado por accidente. Cualquiera que le haya aconsejado el comenzar el protectorado con medidas indignas de usted, es un hombre sin reflexión o de perversa índole, a quien usted debería expulsar para siempre de su lado'' ( 26). "Nadie puede engañarme acerca de los sentimientos que abri– go en mi pecho: de los otros juzgo por los míos propios, y como hombre honrado no tengo embarazo para expresarlos. Si los reyes -~ príncipes tuviesen en sus dominios un solo hombre que en to– das ocasiones les dijera la verdad desnuda, se habrían evitado erro– res frecuentes, y menores habrían sido los males que experimenta la humanidad". "Fácilmente conocerá usted que no tengo interés personal al– guno en estos u otros asuntos que discrepen con su opinión; bien al contrario, si yo fuese capaz de bajezas e interesado, el paso que acabo de dar bastaría para arruinar mi porvenir; al darlo no he tenido otra seguridad que la buena opinión que tengo de su dis– cernimiento y de su corazón''. Antes de transcribir esta carta, Cochrane agrega en sus Me– morias (27): "He aquí (habla del Protectorado) el primer acto de libertad e independencia que disfrutaba el pueblo, un día después de haber sido p~oclamados tan pomposamente. Se establecía un gobierno despotico, en que el pueblo no tenía voz ni voto; y esto, por el ge– neral de una república que sólo existía en virtud de la voluntad del (26) Alude a Monteagudo, odioso desde el principio. (27) Pág. 147.
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