Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

440 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ las sinceras y hasta caritativas sofrenadas que le dieron La Serna y Cochrane. El primero, a quien el Protector, con mucha razón, creyó útil participar su aparición en la magistratura suprema, díjole con la mayor franqueza: "Permítame le diga que el haberse elegido a V. E. mismo por suprema autoridad del país que llama libre, es, en mi concepto, un acto, de aquellos que sólo en un sistema despótico puede ser admitido; que las mismas personas que en esa capital acaban de jurar la independencia, libre y espontáneamente, como dice V. E., puede ser que, dentro de poco tiempo, vuelvan a jurar la constitución de la monarquía española, con más libertad y vo· luntad; en fin, que el tiempo hará conocer si el nuevo título de Pro· tector del Perú, que ahora ha tomado V. E., es tan adecuado como el de Libertador" ( 24). Y Cochrane le decía en carta del 7 de agosto (25): "Permíta– me usted, mi querido general, que le ofrezca la experiencia de once años, durante los cuales fui miembro del primer senado del mun· do, para decirle lo que por mi lado me preocupa, y lo que por otro temo y preveo; pues lo que ha de suceder respecto a los gobiernos y naciones por sus actos, puede ser predicho con tal seguridad, en vista de las lecciones de la historia, como predecirse pueden las revoluciones del sistema solar. En manos de Usted está el ser el Napoleón de la América del Sur; o uno de los hombres más gran· des que en el día figuran en la escena del mundo. Usted tiene la facultad de elPgir su carrerc;.. Si los primeros pasos que da son falsos, la altura a que Usted se encuentra contribuirá a hacerlo caer, como del borde de un precipicio, de una manera más fuerte Y segura". "Los escollos contra los que hasta aquí se han estrellado los gobiernos de Sudamérica han sido la mala fe y el empleo de me· dios efímeros. No ha surgido un hombre, excepto usted mismo,, capaz de elevarse sobre los demás y ae abrazar con mirada de águi· (24) Oficio datado en Jauja, el 22 de agosto. (25) En sus Memorias relata Cochrane, lo mismo que su secretario, Ste· venson, lo ocurrido con San Martín en la entrevista que con este último tuvo el primero en Lima, a donde el Almirante se dirigió el 4 de agosto, ignorante todavía de que su émulo hubiese tomado el título de Protector. Cuando trate– mos de las querellas surgidas entre ambos próceres detallaremos la entre· vista enunciada y los <lemas sucesos que le siguiero~. Por ahora, copiamos de la carta de Cochrane, únicamente, los párrafos y frases que, intencionada Y concretamente, parecen condenar la usurpación del Poder. Véase, entre tanto, esas Memorias, págs. 147 a 156; y la obra de Stevenson: Veinte años en la América del Sur.

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