Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
EL PROTECTORADO 439 de las pasiones al tratarse de elegir a la autoridad suprema"; prin– cipio por demás curioso, y del cual sería lógico deducir la conve– niencia de no elegir jamás autoridad alguna; si bien resulta más cu– rioso todavía aquello de que "la anarquía era más funesta y ruinosa que el bárbaro español"; lo que, en otros términos, es dar preferen– cia a la servidumbre; y de que los peruanos eran mucho más deu~ dores de gratitud a San Martín, por haberse erigido en su Protector, que por ser su libertador; mucho más, por haberse consagrado a consolidar su libertad y trabajar por la felicidad pública, que por haberlos libertado de la opresión. Estas últimas palabras dejan en– trever que, como San Martín, O'Higgins creía la independencia lo– grada ya, de modo concluyente, con la mera ocupación de Lima; así Forno las anteriores denuncian a gritos el encono que, en el ánimo del Director de Chile, producían ya las resistencias llamadas a de– ponerlo, para ungir en su lugar al general don Ramón Freire. XXIII Pero lo copiado es nada en parangón del panal de miel que el mismo O'Higgins había ya obsequiado al Protector en carta privada del 6 de agosto; carta que, como respuesta a otra del 19 de julio, de– lata una circunstancia interesantísima; cual es, la de que San Martín había determinado alzarse con el poder, desde mucho antes de la proclamación de la independencia. Delata otra cosa y es que O'Hig– gins carecía de serenidad de criterio, y perdía fácilmente aquella ecuanimidad con que le obsequia el juicio benéfico de Mitre. "Transportado de gozo -decía el ingenuo Director- transporta– do de gozo, he sentido los momentos más plausibles de mi vida. Qui– siera estuviese Ud. presente, para darle mil abrazas pero recíbalos desde este asiento de miserias y trabajos, que ahora convierte en plácemes la resolución más grande y sabia de encargarse Ud. del mando del Perú. El bien más grande que hace Ud. a esos pueblos, es de regirlos. Se va a economizar mucha sangre, que la anarquía no tardaría e,n derramar en gentes bisoñas y nuevas en la revolución. Asegúrole que más de una vez he temblado en la desconfianza de su resolución; pero desde ahora confío en que todo se ha de acer.. tar" {23}, XXIV Donde San Martín debió ver por anticipado el juicio de esa pos– teridad que O'Higgins imaginó tan benévola y complaciente, fue en (23) Apud Mitre, ob. cit. tomo III, pág. 192.
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