Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

438 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ militar de esos países. La franqueza con que V. E. anuncia a los pueblos la necesidad de esta medida, y los poderosos motivos que fundan su conveniencia y utilidad, no pueden dejar duda de las rectas y benéficas intenciones de V. E., aun en los ánimos más sus– picaces y envidiosos. No era bastante, para dar libertad al Perú, arrojar de s.u capital a los funcionarios del gobierno español. Era indispensable poner a esos pueblos a cubierto de la anarquía, pr~ servados de la guerra civil, y evitar el desenfreno de la:s pasiones al tratarse de elegir la autoridad suprema y adoptar nueva forma de gobierno. Más difícil es conservar la libertad que adquirirla; y es mucho más funesta y ominosa a un pueblo la anarquía que el bárbaro peninsular. Así es que los peruanos deben más a V. E. por el noble anhelo con que trata de consolidar su libertad; por la gran– deza de alma con que se consagra a la felicidad pública, desprecian· ao interpretaciones siniestras de espíritus menos generosos, que por las generosas fatigas con que V. E. los libertó de la opresión". "Cuando el genio de la historia trace a las generaciones futuras el magnífico cuadro de la campaña del Perú, presentará sin duda, como el objeto más digno de admiración, la prudencia de V. E. en encargarse del mando, la justicia y liberalidad de su administración, la gloria ]' prosperidad a que, por ella, van a efrvarse los hijos del sol. Estos, entonces, sin olvidar lo que deben a su valiente liberta– dor, bendecirán, penetrados de gratitud, a su generoso y benéfico Protector. Chile, entre tanto, reputará, como parte de su gloria la que V. E. ha sabido granjearse; se creerá con derecho a la misma gratitud y a la fraternidad de los peruanos; y unirá con ellos sus vo– ces para llevar el nombre de V.E. en los ecos del reconocimiento, hasta la más remota posteridad. La América toda venerará en V. E. al amigo del orden, al apoyo más firme de la libertad; y se conso– lará en sus desgracias, viendo que V. E. ha hecho fructuosa la ex· periencia de ellas, en beneficio de un pueblo que ocupa tan dis· tinguido lugar entre los que f arman el continente colombino". XXII La nota que precede encierra, sencillamente, un himno de ala– banza, entonado en aras del despotismo, que así sacrificaba las expec– tativas y las inmanentes garantías soberanas de todo un pueblo. Y su autor, para extremar el inconsiderado elogio, se desata en apreciacio– pes que superan a las formuladas primitivamente por el destinata– ¡rio. Pondera, como ya lo hicimos nosotros, la franqueza del procedi- . miento; y recalca en la necesidad de ''evitar que surja el desenfreno

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